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martes, 20 de diciembre de 2011

La heroína.

Imaginábamos bombas atómicas, virus mortales inoculados por terroristas suicidas, incluso la propia rebelión de la naturaleza mediante desastres naturales que arrasarían -por fin- con el cambio climático y toda su podredumbre. Quizá la invasión de otros seres, de otros mundos.  Enemigos sabidos y conocidos por el imaginario colectivo. Pero he aquí que la realidad nos sorprende (como casi siempre) y ni sospechábamos siquiera que el enemigo fuese un  conjunto de mercados,  anónimos, aparentemente inocuos; su arma, la más poderosa, esa puta que dirige el mundo: la economía; sus balas, los bienes comunes y ordinarios del día a día: monedas, materias primas, deudas, créditos, viviendas. Nada más y nada menos. Necesitamos un héroe, mejor aún (más acorde a estos tiempos de igualdad), una heroína, que nos devuelva la confianza y nos haga creer (como el anuncio de Coca Cola) que otro mundo es posible. Lo que aún no tengo claro es si será la Merkel o la niña de Rajoy.