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viernes, 28 de septiembre de 2012

Viejos lúcidos.



Cuando conocí a Carrillo descubrí que los sabios podían ser calvos y no tener barba, ni larga, ni blanca. Y que incluso fuman. Su discurso fue sereno, aprovechaba ciertas pausas para encontrar esa palabra, ese ejemplo que todos pudiéramos comprender. Alentaba la curiosidad de los comensales escuchando con un grado de atención que a veces parecía derivar en estados de somnolencia. Algunos lo achacaron a lentitudes de viejo. Pero yo intuía que su concentración se debía a la búsqueda exacta de una respuesta inteligente, siempre lúcida, sin excesos oratorios ni complejidades filosóficas. Me impresionó su capacidad de desmenuzar política e historia en pequeños episodios relacionados entre sí, con consecuencias y efectos directos unos sobre otros, otros sobre unos, como un todo condenado a entenderse para sobrevivir. Alguien alabó su lucidez, a su edad, pasaba entonces los 80 años. Carrillo sonrió, dijo que precisamente eso es algo que llega con la edad.

Me pregunto cuánto viejo lúcido espera que llegue su hora malviviendo en residencias que apestan a lejía y verduras cocidas. O en su propia casa al cuidado de alguna interna que sólo la necesidad le obliga a aceptar un trabajo que no hay sueldo que lo pague ni amor que lo aguante. Viejos lúcidos sometidos al silencio de los días sin visita. 

Me pregunto a quién le importan sus guerras o sus batallas, las mismas que conquistaron el grado de libertad y desarrollo  que hasta hoy hemos disfrutado, con sus derechos sociales, sus vacaciones y sus pagas extras.

Me pregunto si no tendrán ellos algo que aportar a esta situación en la que nadie parece entender nada.

En su última entrevista Carrillo dijo cosas como que el mundo no puede seguir gobernado por el sistema financiero, que de los mercados no se puede esperar ninguna iniciativa inteligente a nivel humano, sólo sirven a la ciencia económica, a la ideología del sistema financiero del régimen de mercados. Dijo también que lo que está pasando y lo que va a pasar con esta política, ha legitimado en la historia más de una revuelta popular y que la gente salga a la calle no en la forma civil y respetuosa de las leyes con las que ha salido hasta ahora, sino con la voluntad de cambiar una situación política y económica que se hace ya insoportable. Dijo que la población no va a tolerar impunemente que se nos haga retroceder. Eso dijo. Palabras que casi me parece oír de labios de mi abuela, las tardes de visita en las que me cuenta lo que le recuerdan estos días de protestas y manifestaciones a las revueltas populares de los días previos a la guerra.

Entrevista a Carrillo:

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