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domingo, 29 de diciembre de 2013

!Santo Dios!

El retrogreso  se fanatiza. Gallardón aprueba la ley del aborto más restrictiva de Europa. Sólo un hombre casposo que se alimenta de España una, grande y libre y caga diarrea machista los días pares y fascista los impares; sólo un semen como el suyo, incapaz de procrear hembras, ha podido ser el responsable.
Ninguno de los cuatro varones que heredan su apellido ha tenido ni tendrá nunca que abortar. Señores libres de culpa y pecado, bolsillos llenos de euros para pagar abortos silenciados en domingos de misa, , mientras de reojo se comen con los ojos el culo de la vecinita adolescente, la que va al Rosales, que menos mal que ha sido el colegio elegido para las infantas y vuelve a recuperar su esplendor maltrecho. Orgullosa secta de exclusivos colegios  donde inculcan valores caciquistas y afianzan las amistades de la trama que tejerá su futuro, salpicada de apellidos de tiempos franquistas y algún paleto con bigotes que ha llegado a nuevo rico. Un futuro tejido con cargos a dedo,  pagado a golpe de  sobres pringados con salsa del tomate, el que debía servir para financiar derechos públicos se invierte en pagar excesos y restaurar palacetes de balcones dorados desde donde juzgar al populacho, apestando a catolicismo y a niño bien, y darnos lecciones de derecho a la vida.
Pero en cuanto se dan la vuelta se tornan hombres y mujeres, con rabos y coños, vicios y contradicciones y pecados, que ellos, bien educados en sus colegios de pago, prefieren tapar a admitir, negar hasta la muerte, a tener que vivir la humillación de exhibir que su pasta humana es la misma de todos. Y es que en sus colegios y en su educación privada (la que el señor Wert pretende implantar cual cacique en su cortijo)  lo más importante es aprender a vivir con la hipocresía de la doble moral como esquema de vida perfecta: ser cristiano y rico, matrimonio perfecto y cornudo, político y ladrón, con hijo abogado o economista y sus culos peludos en importantes cargos en Bankia o Telefónica o quizás con la hija vestida de blanco a la puertas de alguna Iglesia de renombre mientras la tarjeta Visa Oro que papi puso a su nombre paga el segundo recibo del aborto de hace un par de meses. Un descuido de una noche que se puso tantas rayas de coca que acabó follándose al primo de su futuro marido.

¡Santo Dios! Exclaman ante el aborto mientras el dinero corrupto va limpiando su buen nombre.
BricoJoyas: YeyéMachine

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domingo, 8 de diciembre de 2013

Distinta


Inquietante, la llegada de un ser distinto, aires renovadores o nuevos tiranos, motores del cambio o víctimas de la inamovible masa uniforme.


Marzo 2014: Sala de Exposiciones de la Biblioteca del Campus María Zambrano de Segovia (Plaza del Alto de los Leones de Castilla s/n Segovia)
Octubre 2013. Centro Cultural Gloria Fuertes, avenida de Logroño, 179. Madrid
Link entrevista en RNEEl ojo crítico 11-10-2013 a partir del minuto 36:

@RitaRelata

jueves, 14 de noviembre de 2013

Cerrado por podrido

Son los malos olores. Afectaron primero a  TeleMadrid.  Atufaron a la audiencia hasta dejarla en la débil cuota del 3.9%. Muy cercana a la anémica cobertura de apenas un 2.5% de La 2, con todo su contenido cultural, ese que todo el mundo dice que ve pero que los audímetros se empeñan en no detectar. (Aunque esto no tiene nada que ver con los malos olores. Tengo la teoría de que la audiencia de la 2 son los fantasmas de quienes nos gustaría ser, siempre cultos y bien formaditos. De hecho, he tratado de contactar con Iker para estudiar el fenómeno en Cuarto Milenio pero parece que las teorías de artista emergente no le impresionan, ni siquiera ha respondido a mis e mails).

No vivo en Valencia. Pero analizando el declive de su audiencia (3.8%) intuyo que el hedor en Canal 9  ha alcanzado cotas tan insoportables que hasta los fanáticos más derechistas han tenido que cambiar de canal. Y de qué valen las noticias manipulables sin almas cándidas a las que aleccionar. Hubiese preferido ver el cartel de cerrado por podrido colgado sobre el cuello de la botella, perdón, Botella: la no electa, la nombrada a dedo para dirigir la alcaldía de Madrid. Pero ella no dirige, ella habita el cargo cual ladilla aferrada al poder ejecutor de los mandatos de su partido (llevo tiempo sospechando que no es un partido político sino una organización terrorista cuyo objetivo es aniquilar lo público).
Y es tan tonta la pobre, tan al pie de la letra se lo ha tomado que o privatiza Madrid vendiéndoselo a Eurovegas o eludirá su responsabilidad una vez más, como ya hizo incluso cuando bajo su gestión se escribió un crimen. Sin gobernar el timón y sobre un pedestal de mierda será testigo privilegiado de la agonía de una ciudad sepultada por su propia basura.   Hasta en los folletos turísticos sustituirán las fotos de la ciudad por el lema con el que en estos días saquean el derecho de la Comunidad Valenciana a una televisión autonómica y pública: cerrado por podrido.
Que la chapa os acompañe…

Datos audiencia: Fuente Kantar Media Octubre 2013.
BricoChapas: YeyéMachine
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sábado, 19 de octubre de 2013

Pánico escénico en "El ojo crítico"


Madrid, Viernes 11 de Octubre.

El día ha llegado. A las 18.45 está previsto que nos recoja un coche de RNE. Rumbo al programa radiofónico “El ojo crítico”. Nos hacen una entrevista, a los cuñados, Alberto y Rita. Ya me resultó  increíble que el centro cultural Gloria Fuertes de Madrid nos propusiera exponer lo que entonces sólo era la serie “Crudículum”. Hoy es una exposición que siendo fieles a la guasa por los vocablos ha terminado llamándose “El ojo tuítico”.  Estoy más que contenta. Pero aún no termino de creérmelo. Quizá por eso no lo he hecho público. Por si acaso no sucede. Aunque a Esther sí se lo he dicho. Que rabie un poco, que siempre ha sido ella la de las entrevistas. Ahora me toca a mí. Esto de interesarle a los medios te sube de de categoría, pasas de aficionado a artista.
La posibilidad estaba ahí. No elegimos el título por casualidad. Encajaba con el concepto, fotuitgrafía, fusión de imagen y microtexto limitado a los 140 caracteres del tuit; servía como homenaje a programas donde sobreviven calidad y sentido común atrincheradas frente al idiotismo mediático. Esos programas de culto que todos declaran ver y escuchar (supongo que en formato fantasma porque ni los audímetros ni las encuestas del estudio general de medios son capaces de detectar signos de audiencia real). Personificaba también el componente crítico que conforma el aliento de la exposición. Y como publicista que soy, no dejaba de ser un gancho para llamar la atención de “El ojo crítico”. Y ha funcionado. “El ojo crítico” nos ofrece el amplificador que puede otorgar un hilo de voz a nuestros textos mudos.

Son las 17.45. Empiezo a notar los nervios. No hemos preparado nada. No sabemos cómo va a ser la entrevista. Desconocemos si serán un par de minutos o diez. Sólo tenemos el mail que nos reenvió Juanito.
De: RNE OJO CRITICO1 <ojocritico.rne@rtve.es>
Fecha: 9 de octubre de 2013 11:44
Asunto: Re: Exposición "El ojo Tuítico" Del 4 al 15 de Octubre 2013. Centro Cultural Gloria Fuertes, avenida de Logroño, 179. Madrid
Estimado Juan,
Encantados de saber de esta exposición. ¿Por qué no hablamos de ella este viernes día 11? ¿Podrían venirse los "cuñados"? Si viven en Madrid o alrededores, les pondríamos un coche para traerlos hasta Prado del Rey. Un saludo.
Alfredo Laín Gracia
El Ojo Crítico

Llamo al cuñado. Estoy saliendo, dice.
Llamo a Juanito.
Deja de darle vueltas, todo va a salir bien. No te preocupes.
Ya, pero… me acabo de dar cuenta… si nos recogen a las 18.45 cuando lleguemos a Prado del Rey… el programa ya habrá empezado. Es en directo. No vamos a poder hablar con Alfredo Laín antes de la entrevista… vamos a entrar a pelo, ¿no? Me habías dicho que antes de entrar Alfredo nos orientaría.
Habrá un ayudante que os de unas pautas.
¿Lo habrá o lo hay? ¿No te han dicho nada más? Después de casi 30 años acompañando a músicos a miles de entrevistas, algo sabrás.
Rita, no empecemos. ¿Querías una entrevista, no? Pues ya la tienes. Cada presentador enfoca las cosas a su manera. Aquí no hay protocolos ni libros de pautas.

No es lo suyo la puntualidad. Cerca de las 18.30 Alberto llama al telefonillo. Le abro con una sonrisa de oreja a oreja. Nerviosa pero con la autoestima por los aires, teniendo en cuenta que su sitio habitual no pasa de la rodilla y en ocasiones roza los suelos me  siento grande, casi gigante. Pese a todo insisto en que empiece Alberto. Él es artista, tiene tablas en entrevistas y exposiciones, yo sólo soy bloguera aficionada; virgen en el mundo entrevista, recién desvirgada en términos artísticos.
Es la hora de tomar las pastillas para los nervios pero decido no hacerlo. Mi elevada autoestima me convence de que no las necesito. La seguridad de que la cultura no le interesa a nadie y menos un viernes afianza mi decisión. Me voy a pelo, porque yo lo valgo, me digo.
Son las 18.50 y nadie ha venido a buscarnos.
Empiezo a creer que es una broma de Juanito cuando llaman al teléfono para avisarnos de que el coche está abajo.

Es un hecho. Un coche oficial de RTVE nos espera en la puerta. Una vez dentro no puedo evitar cierta sonrisa maliciosa. Puede que los colegas de vidas ajetreadas y culos vagos no hayan sido capaces de hacer el esfuerzo y acercarse a la inauguración, pero un programa de culto como  “El ojo crítico” nos envía un coche, como a señores que merecen un respeto en esto de las artes. El día de la inauguración comprobé en propias carnes esa verdad verdadera de que la cultura no le interesa a nadie. Entre los dos apenas fuimos capaces de convocar a un puñado de familiares y amigos, los que nunca fallan, los de por siempre jamás y cómo no, Esther. La presencia de otro puñado de figuras relevantes en esto de las artes equilibró el fracaso de los que ambos suponíamos que estarían allí, arropando un proyecto cargado de ilusión. Eso sí, todas las críticas e impresiones fueron buenas. Me convencí cuando descubrí asombro en la mirada de Esther, tan obsesiva y perfeccionista que rara es la obra que da por terminada, constantes matices que retocar, fallas que solo aprecia su también ojo crítico.  
Cuando llegamos a Prado del Rey tres guardias de seguridad esperan apostados en la garita de control. El conductor saca la cabeza y dice: Rita Relata y Alberto Cubas.
Uno entra en la cabina. Consulta unos papeles. Asiente con la cabeza,  señal ante la cual el conductor pasa su tarjeta por un lector y la barrera se abre.

Cuñada, estamos en los estudios de Prado del Rey.
Nos recibe una chica muy agradable, aprovecho su buen rollo y le pregunto si sabe cuánto tiempo va a durar la entrevista, le digo que es mi primera vez, que nunca he hablado por la radio, que qué pasa si me pongo nerviosa.
Pero si es sólo una charla informal con Alfredo, me dice. Y si te pones nerviosa poco podemos hacer, si fuera grabado todavía, pero es en directo. Y sonríe. Como si dicho esto yo tuviese que saber controlar los nervios en directo. Nos deja en una sala de espera.

Son las 19.20. Por tercera vez consecutiva tengo que orinar. No entiendo muy bien qué relación tienen el pis y los nervios pero me pasa de siempre. Alberto me confiesa que a él también.


Son las 19.42. La chica simpática entra en la sala de espera y  nos acompaña al estudio. Alfredo se levanta de una mesa redonda rodeada de sillas y micrófonos. Nos saluda, muy agradable. Le digo que es mi primera vez. Parece sorprendido pero trata de quitar hierro al asunto. Nos hace una foto y nos dice que luego la subirá en Twitter.

Se sienta. Se coloca los cascos. Nos indica que hagamos lo mismo. Trato de colocarme los cascos pero son gigantes. Se me caen. Intento ajustarlos. Imposible. Las manos empiezan a temblar. Sudan. Tengo que sujetarlos con ambas manos. Me acerco al micrófono, encogida, como un ratón asustado ante luces de neón. Miro a Alberto, quizá esperando que decida sacarme de allí. Percibo cierto temblor en su mano derecha mientras sujeta el casco contra su oído. A él también se le caen. Me mira con ojos burlones, tratando de tranquilizarme con la guasa de cuñado. A la izquierda, sobre nuestras cabezas, veo la pecera de cristal tras la que se encuentran los técnicos. Hay tres, y los tres hacen gestos, mueven las manos, hacen aspavientos ahora nerviosos  hasta que comprendo que quieren que me retire un poco del micrófono. Lo hago. Uno de ellos me hace la señal de ok justo en el momento en que la voz de Alfredo Laín  resuena en las ondas.
Aquí os dejo el documento de nuestra entrevista en “El ojo crítico”. A partir del minuto 36…

Marzo 2014: Sala de Exposiciones de la Biblioteca del Campus María Zambrano de Segovia (Plaza del Alto de los Leones de Castilla s/n Segovia)
Octubre 2013. Centro Cultural Gloria Fuertes, avenida de Logroño, 179. Madrid
Link entrevista en RNEEl ojo crítico 11-10-2013 a partir del minuto 36:


@RitaRelata



Colmillos blancos


Mordida de concejal corrupto, de suegro con sobres o constructor avaro; colmillos blancos devorando nalgas vírgenes de parajes en paz.


Marzo 2014: Sala de Exposiciones de la Biblioteca del Campus María Zambrano de Segovia (Plaza del Alto de los Leones de Castilla s/n Segovia)
Octubre 2013. Centro Cultural Gloria Fuertes, avenida de Logroño, 179. Madrid
Link entrevista en RNEEl ojo crítico 11-10-2013 a partir del minuto 36:

@RitaRelata

domingo, 6 de octubre de 2013

Naufragio Social


Náufragos de rozar piel y sentir en carne y hueso, rodeados de tecnoascetas que prefieren publicar intimidad en redes (sociales) a vivirla.




Marzo 2014: Sala de Exposiciones de la Biblioteca del Campus María Zambrano de Segovia (Plaza del Alto de los Leones de Castilla s/n Segovia)
Octubre 2013. Centro Cultural Gloria Fuertes, avenida de Logroño, 179. Madrid
Link entrevista en RNEEl ojo crítico 11-10-2013 a partir del minuto 36:

@RitaRelata

martes, 1 de octubre de 2013

Exposición: "El ojo tuítico: una reflexión fotuitgráfica" by Rita Relata y Alberto Cubas


“El ojo tuítico”  surge de las deformaciones profesionales de una pareja de cuñados. Fotógrafo él, publicista ella. La fusión del objetivo de Alberto Cubas y su particular enfoque de la relación del individuo con el espacio, unido a la obsesión de Rita Relata por encontrar el slogan, el tuit que todo lo diga, sin excedente de palabras ni omisión de conceptos.  Combinando imagen y un texto limitado a lo breve de un tuit encontramos la fórmula de la fotuitgrafía. A través de una visión ácida, a veces sarcástica y siempre crítica, “El ojo tuítico” nos  pasea por un recorrido de espacios y situaciones que conforman el día a día de país sumido en un presente sin futuro.  Sirva el título, versión tuitera de “El ojo crítico”,  como homenaje a contenidos de calidad y voces que aportan cierto sentido común al  absurdo mediático.


Marzo 2014: Sala de Exposiciones de la Biblioteca del Campus María Zambrano de Segovia (Plaza del Alto de los Leones de Castilla s/n Segovia)
Octubre 2013. Centro Cultural Gloria Fuertes, avenida de Logroño, 179. Madrid
Link entrevista en RNEEl ojo crítico 11-10-2013 a partir del minuto 36:

@RitaRelata


jueves, 12 de septiembre de 2013

La Vacación


Las vacaciones se han quedado tan exiguas que han perdido el plural. Son momentos de vacación. Destino peninsular y apartamento con sofá cama, a ser posible fuera del dormitorio marital o el sexo se puede convertir en algo estrictamente deseado.  Con la miseria inmobiliaria la opción apartamento está tan devaluada que resulta más económica que una parcela de camping. Y digo parcela, los bungalows están a precio de bolsillos corruptos e hijos del re(tro)greso, esas nuevas generaciones del PP cuyo desnudo fascista se ha convertido en el strieptease del verano.

Juanito y yo optamos por una ruta larga, de Costa da Morte a Verano Azul, como si cada kilómetro nos acercase un poco más a aquellos días de destinos exóticos, a la libertad de beberte La Habana o amanecer en la cima de un volcán, sin apretarte el cinturón, sin horarios de colacaos ni parques, baños o siestas.

La vacación dispone de un all included básico: patatas fritas, bocata, nevera y sombrilla para la siesta, costumbre antaño de paletos y domingueros que es asumida hoy por la totalidad de tribus y tipologías sociales; excepto quizá esos a los que llaman hipsters, sin que nadie tenga muy claro qué o quién coño son. Tampoco los dedos corruptos ni los culos peludos, estos sí, de vacaciones de sus distinguidos sofás de directores que quizá planean tu despido y el de otras compañeras con cargas de teta o de estudios o financiando la emigración de los hijos con crudiculums en paro. El tío lo pide todo. Bogavante, percebes, ostras y una centolla de la ría a costa de lo baratito que le salen ahora los despidos. Juanito y yo no vamos a ser menos. Sin centolla ni bogavante pero con ostras y percebes. Y cuando en sueños sigo relamiéndome el sabor a mar me levanto cual alma en pena y corro al baño a evacuar como una rata de alcantarilla. Por arriba y por abajo. Se ve que los mariscos sólo sientan bien a los ricos. Y a Juanito, que duerme ajeno a todo.

 Según el sexo, la vacación conlleva madrugar incluso en verano.  Le sigue tocando a la fémina, aquí la igualdad debe de estar en los mismos niveles que los puestos de consejeros de las empresas del Ibex 35 (87,25% hombres vs 12,75% mujeres) y prácticamente de todas las demás, donde los culos peludos echan raíces tan profundas que garantizan la perpetuidad del macho dirigente.  De siete a nueve, unos días antes que otros, cada mañana Sol me da golpecitos en la cara, me zarandea y me llama en un susurro, mamá, mamá, ¿me haces un colacao? Es una chica lista, sabe qué puerta tocar según qué hora o qué necesidades. Madrugadas y madrugones son competencia exclusiva de mamá.

El apartamento de Verano Azul es un chollo, claro que en la Costa del Sol hay tantos que si se alquilaran todos probablemente se hundiría. (Y ya lo que nos faltaba, sin Gibraltar ni Cataluña escuece, pero sin Andalucía..., creo que no podría superarlo). Una hora después de llegar a Burriana conseguimos aparcar. Desde lo alto del acantilado observamos una espesa amalgama de sombrillas, pies, toallas, flotadores, cabezas. Desde aquí se escucha el griterío. Nos queda un paseíto hasta la playa. Juanito parece un porteador, cargado como una mula bajo un sol de 40 grados.  Las gotas de sudor resbalan desde su calva como agua hirviendo (a las lectoras de Esther y su mundo, sí, Juanito se ha quedado calvo, de su melena larga y rubia sólo quedan los tebeos y el recuerdo). Cuando llegamos a la orilla el ruido es ensordecedor. Es tanta la densidad de veraneantes que nadie respeta la distancia de la no invasión. De pronto Juanito se para. Coloca las sillas casi dentro del mar. Mejor con el culo a remojo, dice. Clava la sombrilla a menos de cinco centímetros de los jubilados alemanes. El alemán eleva los hombros, como diciendo esto es lo que hay, y me sonríe antes de hincar los dientes en un bocata. La alemana da un trago a una cerveza, observa a Sol con cariño de abuela y vuelve a centrar su mirada en la lectura. Me sorprende ver jubilados alemanes degustando el all included que yo presuponía, como el fútbol, hegemonía mediterránea.  


Y es al caer la tarde cuando llega lo mejor de la vacación. Ese exquisito placer que lo sepulta todo para darte unos minutos de felicidad, que tiene incluso la bondad de adaptarse al bolsillo de la vacación: un espeto de sardinas y cerveza fría en el chiringo semivacío mientras la luz mediterránea seduce tus sentidos y más tarde o más temprano te obliga a volver. Quieres alargar el momento. Preguntas a Juanito (puede que calvo, lectoras de Esther y su mundo, pero mantiene ese cuerpo duro y fibroso que nos volvía locas a todas), ¿Compartes otro? Y te dice que no con esa cara de completa desaprobación. Y afirma: uno está bien, dos es un exceso. Uno y medio, me defiendo. Aprovecho que se lleva a la niña a la ducha y pido otro. Me digo que es imposible resistirse al espeto y que al final se comerá la mitad. Pero no lo hace.  Se da media vuelta y me deja sola, con mi espeto y el peso de los kilitos de más. Una de esas extrañas manías que tenemos las parejas. A ratos disfrutamos dando felicidad al otro y a ratos quitándosela.

martes, 9 de julio de 2013

A dedo


Directores de la escuela pública. A dedo.
Políticos, ministros, presidentes. A dedo.
El poder judicial. A dedo.
Directores de casi todo, público o privado. A dedo. Tráfico de influencias legalizado a través de procesos de selección que dejan amplio hueco a puntuaciones subjetivas. 

Es el corazón de la #MarcaEspaña, el latir del movimiento anoevolutivo de este país. Dice mi abuela, tan roja como Carrillo pero no tan lúcida, que incluso Franco, además de lealtad, exigía altos de niveles de formación a sus ministros.  Hoy no importan los méritos, tampoco las actitudes o capacidades, ni siquiera valen las ideas. Sólo interesa que obedezcas al dedo corrupto. Si lo rozas, notarás que lo que parecen uñas pulcras no han podido deshacerse de los restos pringosos del tomate de tramas y sobresueldos. Hoy la política es el reducto de crudiculums sin inglés que llegan a presidentes de gobierno. Y los que allí no caben, en su mayoría por falta de vocación alguna, se destinan a la empresa privada, basurero de primos, sobrinos y parientes inútiles de la casta bipolítica. Que incluso cuando hay ERE siguen calentado la silla con sus culos, peludos o no, improductivos parásitos del trabajo de otro, ladillas anoevolutivas que nos sitúan cada vez más cerca del retroceso, que no del re(tro)greso.

http://soypublica.wordpress.com/2013/06/28/directores-elegidos-a-dedo-por-la-administracion/

viernes, 28 de junio de 2013

Por siempre jamás


Ante la pregunta, Norma respondía un no tengo padres y la voz se le iba diluyendo como si perdiese conexión con la garganta. Nunca utilizaba la palabra huérfana; pertenecía a lo que consideraba palabras ajenas, voces intrusas al reservado de la primera persona.
Cuánto lo siento, lo siento mucho, te acompaño en el sentimiento. Luego el silencio hasta que llegaba la conversación de ascensor, la mirada compasiva y un roce de manos con forzado sentimiento de carne cruda. Hasta que encontraban el momento de levantarse y huir de allí. Pero Ramón no se levantó, tampoco esquivó el tema, sólo dijo que habría que extirpar el dolor. - No me crees. Y dejó escapar media sonrisa entre burlona y segura, como si escondiese un as en la manga.

Había transcurrido una semana de intentos fallidos desde la reunión en casa de Ignacio cuando llegó el golpe de suerte. Una de las amigas del círculo íntimo de Norma buscaba casa y un compañero del colegio de Ramón alquilaba un apartamento con el que compartía zonas comunes, jardín y una caseta habilitada para barbacoas.   Ponerles en contacto fue fácil. A Ramón no le costó convencer a su amigo para organizar una barbacoa como gesto de bienvenida hacia la nueva vecina. La suerte ayudó y Norma se encontraba entre las amigas invitadas. Ramón se acercó a ella sin haberla reconocido. De la larga melena de las fotografías no quedaba ni rastro. Tenía el pelo corto. La redondez de cara había dado paso a mejillas hundidas y una mirada que parecía no querer mostrar, incluso dentro de la caseta la mantuvo oculta tras las enormes gafas de sol. Después comprendió el empeño de Norma en ocultar aquellos ojos, tan asustados de su propia  tristeza que no pudo evitar sentir lástima. En un principio le resultó lejana, parecía abstraída en algún lugar lejos de allí, hasta que la pena se fue evaporando al ritmo del hielo de su gintonic y entonces se volvió divertida, escandalosa a ratos. Al final de la noche Ramón se aseguró de que los pasos desmadejados de bailarina sin coreografía llegasen a su casa, desabrochó sus zapatos, tumbó el cuerpo inerte de Norma sobre el sofá de flores, la cubrió con una manta, limpió los restos de rímel corrido de su rostro antes bello, demacrado a esas horas por el bajón de drogas y alcohol. Apagó las luces del piso de Norma y se fue.

Algunas palabras pasaban de una categoría a otra, como Navidad, términos que entrañaban cierta naturaleza durante largas épocas de una vida hasta que se convertían en lo contrario a lo que debían de inspirar. Entonces Norma las incluía entre las bipolares, palabras de las que no se podía fiar, voces traidoras y deshonestas. La alegría de cenar en familia, las películas de amor y el Feliz Navidad se convirtieron en algo insoportable. Odiaba a todo el que no había perdido a alguien. A las familias felices y a sus vecinos. Los odiaba porque la evitaban. Como si fuese un imán de desgracia. Huir a lugares donde representar otro papel sin cadáveres cosidos a su piel se convirtió en necesidad.

Ignacio creyó que sería información de algún proveedor. Al dar la vuelta al sobre casi le estremeció el sello lacrado de la Fundación. Rompió el sello, extrajo el contrato. Deseó que fuera un asunto puntual, algo que no le rozara demasiado. Con cada trabajo crecía la desazón que le producía ese vínculo eterno con una sociedad fantasma de la que apenas conocía algún detalle más que su deuda.  Sus ojos buscaron las fechas de inicio y fin de contrato. El inicio estaba claro, pero  en el lugar destinado a la fecha de finalización leyó el símbolo de infinito. ¿Qué coño significaba aquello? Ignacio estudió el resto de los detalles. Todo parecía correcto. Extrajo el USB, lo conectó al ordenador y abrió los archivos buscando alguna otra copia del contrato con fechas coherentes. Pero sabía que la Fundación no cometía errores.

Estimado Ignacio,
Comprendemos el exceso de responsabilidad que le exige el nuevo encargo e incluso su inicial reticencia. Ya sabe que los trabajos son absolutamente confidenciales y no estamos autorizados a revelarle la procedencia de los fondos ni las razones que nos han llevado a elaborar este contrato sin fecha de caducidad, o en otras palabras, por siempre jamás, al igual que el pago de su deuda, querido Ignacio. Confiamos en que asuma la responsabilidad para la que ha sido elegido sin obligarnos a tener que ejecutar las nefastas consecuencias que supondrían para usted el desertar de la misión.
Mañana dispondrá del ingreso correspondiente a sus honorarios, además del habitual sobresueldo en concepto de gastos que se le abonará puntualmente los días uno de cada mes.
Cordialmente,
La Fundación.

Con el traqueteo del autobús a Norma le gustaba evocar las palabras deseadas. Esas en las que siempre quería estar, como vacaciones. Hasta entonces el destino solía ser lo importante. Aquella Navidad lo importante era tener uno. Y Ramón se lo puso en bandeja: Venecia. Cualquier entorno valía con tal de huir de la Feliz Navidad. Comenzar el año en un escenario nuevo era algo casi simbólico. Se iba con Raquel; aún no habían decidido dónde.  Mejor estarían con Ramón y sus amigos desconocidos que solas brindando por el Nuevo Año, la una amputada de amor incondicional, la otra herida de mal de amores. Venecia. Daba igual Venecia que Roma que Berlín. Qué más daba que le acabasen de conocer.
- Ramón es un encanto y nos va a tratar como a princesas. Te he contado lo de la otra noche. Un auténtico caballero. ¿Y quién sabe si uno de esos amigos desconocidos no es justo lo que necesitas? La mancha de mora con otra verde se quita. Así convenció a Raquel.  

Ignacio se movió rápido. No tenía mucho tiempo, quedaba poco más de mes y medio para Fin de Año. La Fundación consideraba fundamental la necesidad de sacar a Norma de su entorno durante aquellos días. Un comienzo de año en un contexto distinto podía suponer un detalle vital.  Nacho intentaba convencerse de que se acostumbraría. Terminaría queriéndola. Tendría que ser así si estaba condenado a protegerla de excesos y tendencias suicidas. Su deuda. Su esclava deuda con aquella sociedad oscura. Jamás le habían encargado nada que rozase lo ilegal, se limitaba a recrear falsas ilusiones, a regalar amor a suicidas y desesperados o abrazar al solitario. Pero una vez dentro ya no se podía estar fuera, jamás le permitirían abandonar la misión; estaba condenado a asumir los encargos, forzado a engañar a pobres criaturas que confiaban en él.

Pocas horas después había leído toda la información sobre Norma. Accedió al programa de la Fundación, introdujo sus claves, la contraseña asignada al caso de Norma. En apenas dos minutos Ignacio tenía en la pantalla todos los amigos, conocidos, compañeros, vecinos e incluso camellos de Norma, clasificados por grado de amistad y ordenados por las conexiones con sus colaboradores, teleamigos, como le gustaba llamarlos.  Ignacio los organizaba en células geográficas, contaba con cinco subdivisiones que cubrían casi toda España. Avisó a Jesús y le explicó que no podrían pasar Fin de Año a solas. Habían hablado de un viaje al Caribe, ellos dos solos. En cuanto mencionó a la Fundación, la voz cabreada de Jesús cambió de registro por completo. A Jesús le encantaba trabajar para ellos. Se sentía el héroe de los desamparados y eso le hacía feliz. Nada sabía Jesús de la eterna obligación de Ignacio, ni de su pesadumbre, menos aún del peligro que podía suponer no asumir un encargo. Tampoco el resto de los teleamigos, ellos sólo cobraban o viajaban a gastos pagados por simular amor, Ignacio los tenía bien aleccionados, entregados a la extraña misión de regalar empatía al necesitado.

Ignacio organizó una reunión de urgencia con la célula madrileña. El primer objetivo sería entrar en el círculo de Norma. El segundo y no fácil suponía pasar las Navidades con ella y fuera de Madrid, mejor aún, de España. No era un encargo de desamor, ni de procurar un día especial o un cumpleaños inolvidable. Los últimos solían ser los más frecuentes, fáciles, rápidos y agradecidos. Esta vez  era muy distinto, quién sabe cuánto tardarían en tejer y afianzar la red de teleamigos en torno a Norma. Repartió una copia del informe facilitado por la Fundación. Analizaron la viabilidad de las conexiones con el entorno de Norma pero no hallaron nada claro. Habría que forzar el encuentro. Pero sí avanzaron en los preparativos de Fin de Año. Coincidieron en la necesidad de organizar una estancia tranquila, evitarían multitudes, sexo, fiesta o excesos. Una ciudad sin opción a oferta de noche para poder  tener a Norma controlada en un apartamento, pocos teleamigos, mujeres o gays con quienes fomentar el diálogo y sembrar el germen de un vínculo nuevo que la raptase de sí misma.

Las palabras inconclusas se parecen a esos individuos que carecen de identidad, la adquieren cuando se suman  a un grupo, secta, profesión o pareja que les transfiere significado, y ellos lo abrazan cual remedio de su propia insignificancia. Como la palabra siempre,  términos dependientes, palabras sin carácter que asimilan la esencia de la sombra que les cobija.  

Diecisiete años después del viaje a Venecia; Norma sabía que podía contar con ellos. Se lo habían demostrado una y mil veces. Jamás fallaban. Ya fuera un plan de vacaciones, una copa de última hora, un cumpleaños, un mal día, una noche de excesos y pérdida de memoria. No juzgaban sus modos de afrontar la vida o el dolor, entendían, escuchaban o simplemente estaban. En torno a ellos, la palabra siempre sonreía, eterno diamante de amistad, bondad de seres extraordinarios que posiblemente habían salvado su vida. Era consciente de ello. Habían conseguido atenuar esa tendencia al precipicio donde un mal paso habría sido fatal. Entre accidente y suicidio. Sólo ella lo hubiese sabido. Sin embargo, en el recuerdo de sus padres, siempre significaba lo negro del luto, la pérdida eterna, el miedo constante a la muerte y el desconsuelo con el que compartía cama.

Ya eran la seis de la madrugada en la que Norma cumplía 43 años. Sólo quedaban los cuatro.
- No sabéis lo importante que habéis sido para mí, Ignacio, Jesús, Ramón. A veces pienso que si no os hubiera conocido…  No terminó la frase. Elevó por encima de los ojos el cuarto gintonic y dedicó un largo trago a la amistad, no a cualquiera, a la de ellos, los seres extraordinarios, sus héroes amigos.
Ramón y Jesús brindaron con ella.
- Por siempre. Lo dijeron casi al unísono. Después besaron los labios de Norma como si sellasen el pacto eterno.
- Héroes amigos no, teleamigos. Balbuceó Ignacio. No hay nada de extraordinario. Es una farsa, un puto montaje. Toda esta fiesta. Jesús y yo, Ramón, Mikel, Sira, Gonzalo, Charo y todos. Todos estos años. Nos pagan a todos. No sé quién nos paga, nunca lo he sabido, no sé si es un mecenas o un loco que redime sus pecados evitando potenciales suicidios. Jesús corrió hacia Ignacio. Introdujo su lengua hasta la garganta. Bésame y calla, le dijo. Cuando acabó el largo beso Jesús se dirigió a Norma.
- No le hagas caso cariño, está borracho.

- Los borrachos y los niños dicen la verdad. Norma dio otro trago, volcó el vaso hasta que el hielo chocó con sus dientes. Mientras servía una dudosa última copa clasificaba mecenas en la categoría de palabras literarias, términos sugerentes que despiertan su imaginación, vocablos que viven en cuentos de hadas y  susurran historias de por siempre jamás. Como si un dragón hubiese quemado su cuento, un cambio brusco transformó la ensoñación de su rostro en algo parecido al pánico: ¿me seguiréis queriendo cuándo os dejen de pagar? Agitó la copa. Pero ni su risa ni el tintineo de los hielos pudieron acallar un eco de angustia.