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martes, 19 de febrero de 2013

La casa encantada.

Título robado a “La casa encantada” de Virginia Wolf

A Santi y Cosco.
A Antón y Aleix.
A Julián.
Y a los distintos  seres que habitan en el hermoso misterio de Casa Blava.


1969.
Viernes, 17 de enero. Los estudiantes asaltan el rectorado de la Universidad de Barcelona, pisotean la bandera nacional y arrojan por la ventana un busto de Franco.

No ha sufrido, se lo digo de verdad. Me ha dicho que estaba un poco mareada, me ha pedido que la llevase a la cama. Angelines, abre el segundo cajón de la cómoda. Busca un sobre blanco, tiene que estar ahí. Ábrelo, dime que ves. Yo ya casi no veo. Sí, ese es. No se lo enseñes a nadie y dáselo a Santiago. Tengo frío Angelines. Entonces le he llevado una manta. La he cubierto y le he preguntado si se encontraba mejor. Ya queda menos. Es lo último que ha dicho. Después ya no se ha movido más, pero no sé exactamente cuando, ya sabe, la hora exacta. Si quiere pasar a verla está en su cuarto.
Prefiero no verla.
Hace usted bien. Los muertos son feos, una vez que ves un cadáver y descubres el color de la muerte es, qué se yo, un espanto, no se borra nunca. Angelines golpeó varias veces su cabeza con el dedo. Se queda aquí, tiñendo los recuerdos. Dejó la mirada fija sobre algún punto del suelo. Al poco volvió a hablar. He avisado a su tío. Ha dicho que cogería un avión y llamaría cuando supiera el vuelo y la hora.  Angelines le entregó el sobre blanco que le había indicado la abuela.
Santiago le dio las gracias. Abrió el sobre, contenía un papel grueso, doblado en cuatro partes, con el tono amarillento de años de polvo. En la parte superior estaba escrito La casa encantada con la letra picuda e irregular de la abuela como si a ratos le fallasen los dedos interrumpiendo el trazado. La casa de la verja azul y los minaretes desde donde se veía el horizonte. Era un plano con flechas e indicaciones anotadas en los márgenes. Santiago se fijó en que la letra de las anotaciones no era la letra de la abuela.
Sonó el teléfono. Angelines se disculpó.


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1968.
Miércoles, 10 de enero. Las autoridades cierran la facultad de Económicas de Madrid sancionando con pérdida de matrícula y exámenes de febrero a los 7.000 alumnos de la misma.

Viernes, 12 de enero. Nuevos enfrentamientos entre estudiantes y policía en la ciudad Universitaria de Madrid.

Jueves, 25 de enero. Cierran las facultades de Filosofía y Letras, Ciencias y Medicina.

Domingo 28 de enero.
Santiago, ayer estuve allí. Creo que me han seguido. He sentido cómo si alguien me observara. Hay tanto que hacer ahí arriba. El abandono arruina las casas y hace mucho tiempo que nadie vive allí,  sólo gatos y perros y los seres de la montaña. Hace mucho frío. Mañana subiré mantas. Estoy preocupada hijo. No sé cuánto tiempo tenemos antes de…
Abuela, no te entiendo. Angelines no me ha dicho nada de que hubierais salido. ¿De qué tiempo hablas? No…
Sigues teniendo la cabeza llena de pájaros. Te lo he dicho mil veces, no escuchas. Tú sigue con la cabeza en tus panfletos que ya pienso yo por ti. La casa del bosque, Santiago.
No entiendo nada, abuela.
¿Estás tonto o qué? Miró a ambos lados asegurándose de que nadie oyera sus palabras. Acércate. Pegó la boca desdentada y el aliento a vejez al rostro de Santiago. La casa encantada, dijo. Entonces apoyó la cabeza en lo que quedaba del sofá de cuero del abuelo, viejo como ella, cerró los ojos. Parecía cansada. Santiago observó el pelo desordenado de la abuela, aún conservaba algún matiz del rubio platino de las actrices antiguas que la acompañó desde siempre. Unos pesados pendientes de oro blanco acabados en una enorme perla colgaban de su oreja haciendo del agujero una raja tan larga como su vida. Vestía un grueso chándal color turquesa, calcetines negros y zapatillas de terciopelo rosa coronadas con una borla de plumas, un mantón de lana rosa cubría sus hombros. El enorme collar también de perlas y el broche de brillantes resultaban ridículos entre los devastadores efectos de una senectud empeñada en llegar hasta el final de aquel cuerpo aburrido de vivir, porque hacía años que la abuela había traspasado ese umbral de edad en el que se deja de contar. Los años llegan, pasan pero no cuentan, son estériles.

Santiago llamó al médico.

No sé qué cosas le ha contado mi nieto. Ya le ha dicho Angelines que no me he movido de este sillón. Pero cómo imagina usted que he ido a ningún sitio; no ve que no puedo moverme sola.

Pero hijo. ¿Qué te pasa hoy? No podemos fiarnos del médico. ¿Qué sabemos de ese señor? Podría denunciaros.

A partir de aquel día la abuela hablaba a menudo de la casa encantada, imaginaba excursiones al bosque de Collserola por senderos que sólo ella conocía hasta que llegaba a la casa de la verja azul, la casa de las vidrieras y los minaretes desde donde se veía el horizonte. Donde debían esconderse.

Viernes, 22 de marzo. Prosiguen las revueltas estudiantiles agravadas en Madrid y Santiago de Compostela. El ministerio anuncia que mantendrá el orden universitario a toda costa.

Lunes, 25 de marzo. Se produce la detención de más de 150 militantes de comisiones obreras.

Miércoles, 27 de marzo. La policía entra en siete centros  universitarios de Madrid.

Domingo, 31 de marzo.
Santiago hazle caso a esta vieja. Tienes que tirar esos panfletos. Los están deteniendo a todos y quién sabe qué les harán. Tú no sabes contra quién os enfrentáis. Torturan y matan hijo, créeme que sé de lo que hablo.
Abuela, ya estás con tus cosas.
Lo que más me gusta es cuando el sol entra por las vidrieras y el salón se llena con haces de luz de todos los colores. Y el pequeño balcón, cuando te dejas acariciar por la puesta de sol mientras te balanceas en la silla de mimbre, a tus pies el bosque y allá, a lo lejos, diminuta como una colmena de hormigas, Barcelona entera hasta que distingues el mar. Prométeme que irás. Allí estaréis seguros.

Sábado, 18 de mayo.
Multitudinario concierto de Raimon en Madrid con canciones protesta. Incidentes y enfrentamiento de la policía con el público.

Martes, 21 de mayo.
Sé que has estado en esas manifestaciones. Y a Madrid te has ido a ese concierto. Soy vieja pero no tonta. Ya sabes que siempre tengo la radio puesta, incluso cuando duermo. Y te conozco, no lo olvides. Te conozco bien. ¿No te habrás llevado a Cosco al concierto? En su estado es peligroso. Hoy he arreglado el cuarto de arriba, el de la derecha, estaba lleno de hojas y no te digo la de telarañas que he podido sacar. Las he guardado en botes. No hay nada mejor para detener una hemorragia que una telaraña, además evitan las infecciones. No sé si te lo he dicho antes, una terraza con minaretes en cada esquina rodea la casa entera y desde allí se ve lo inmenso del horizonte, aunque lo mejor es el terrero, tan enorme, todo bosque. Podrás montar un huerto y Cosco un taller donde trabajar su artesanía. Tu hijo va a disfrutar mucho esa casa, no sé si es niño o niña, pero si sé que será especial. Acuérdate de lo que te dice esta vieja.
Abuela, no sé de qué niño hablas.
De tu hijo. ¿Cosco no te ha dicho nada?

Hoy ha estado peor. Lleva horas hablando de su bisnieto como si lo estuviese viendo, ¿entiende? y tonta de mí, por seguirle la corriente he preguntado que cuántos años tenía y cómo se llamaba. Me ha mirado como si estuviese loca. Angelines, a veces pienso que sólo tienes serrín en la cabeza o que me quieres tomar el pelo.  Soy vieja pero no tonta. Yo que sé que nombre tendrá.  Habrá que esperar a que nazca, digo yo. Ya sabe el carácter que tiene su abuela. Entonces ha cerrado los ojos y se ha recostado sobre el sofá de cuero cochambroso. Pero es tan cabezota. Dice que ese sofá se va con ella a la tumba. Eso dice. Tampoco quiere quitarse las joyas ni ese chándal turquesa. Con el calor que hace. Qué se yo.
Angelines, sólo te puedo pedir que tengas paciencia, el médico dijo que su demencia senil se iría agravando paulatinamente, va a ser peor.  Y no me hables de usted, te lo he dicho mil veces.
¿Es verdad? ¿Van a tener un niño?
Demencia senil, Angelines. Cosco y yo no pensamos aún en niños. Somos muy jóvenes para eso.
Ya decía yo.

Viernes, 7 de junio. ETA mata a tiros a un guardia civil en Villabona (Guipuzkoa)

Lunes, 1 de julio. Detenciones en Bizkaia a raíz de manifestaciones por la prohibición de celebrar misas por Xavier Etxebarrieta, presunto terrorista muerto por la Guardia Civil.

Martes, 30 de julio. Ingresan en prisión  6 sacerdotes de Vizcaya por impago de sanciones impuestas por la acusación de negar la entrada en la iglesia de la bandera española.

Miércoles, 31 de julio.
¿Lo ves, Santiago? Tú no sabes de qué son capaces. Ahora encarcelan a curas por un estúpido trozo de tela y a saber qué hacen con ellos. Torturan y matan, te lo dice esta vieja que lo sabe bien. La abuela dulcificó entonces la voz. Hijo, yo no quiero meterme en tu vida pero tener un hijo lo cambia todo. No sigas con esos panfletos.
Abuela, no sé de dónde sacas esas ideas, ya te he dicho que Cosco y yo no vamos a tener hijos, al menos no por ahora. Deja de preocuparte por los panfletos; sé lo que hago y cómo lo hago.
No quieres decírmelo por no preocuparme. Te lo digo siempre: soy vieja, no tonta. Qué sabréis vosotros las preocupaciones que estos hombros llevan a cuestas. Si tú supieras lo que este cuerpo ha tenido que soportar. Ni te lo imaginas. La abuela se llevó las manos a la cabeza, miro al techó, luego al suelo. Ni te lo imaginas.
Sí me lo imagino abuela. No tengo hijos pero puedo entender lo que duele perderlos. Primero la niña, después mi madre.
La abuela gimió. Pobrecitas, mis niñas. Todavía escucho el motor de aquel maldito avión, una ráfaga de metralla y los cristales estallaron clavándose por todas partes, ay, cuando pude abrir los ojos y observé su vestido diminuto cubierto de sangre. Mi pequeña. La abuela se quitó las gafas. Se frotó los ojos con el pañuelo que siempre tenía en el regazo, o entre los dedos. Alargó los dedos torcidos y cogió el vaso de agua. Dio un sorbo. Se aclaró la garganta.  Luego tu madre. Sólo ha tenido que sobrevivir el estúpido de tu tío.
Déjalo abuela que te pones triste. Cuéntame cosas del pueblo.

Viernes, 2 de agosto. Melitón Manzanas, jefe de la policía política de Guipúzkoa es asesinado por ETA.
Angelines, por favor, sube un poco la radio.
Ese impresentable jefe de policía se lo tiene bien merecido Angelines. No te imaginas cuántas vidas ha destrozado. No te digo yo que esos de la ETA sean mejores que él, ni tampoco les justifico, pero el mundo está mejor sin ese impresentable. No sé si te lo he contado antes, lo del amigo de mi hermano Quino, no recuerdo su nombre, ay Angelines, cómo se pierde la cabeza con los años. No te imaginas la memoria prodigiosa que he tenido siempre. Me sabía listas enteras de nombres cuando hacíamos repaso en los refugios, no se me escapaba uno.  Decía que aquel muchacho, la abuela entonces sonríe, pobre infeliz, durante un tiempo venía por aquí, se dejaba caer, siempre con una excusa tonta, pero nunca tuvo valor para invitarme a salir, ¿sabes?  Ahora te parecerá mentira, pero no sabes la de pretendientes que tenía en aquel entonces. Decía que lo detuvieron estando el hombre de vacaciones en San Sebastian, nunca supimos de qué lo acusaron, parece que lo estoy viendo, tan poquita cosa y con aquella cara de susto, le rajaron todo el cuerpo, le quemaron, incluidas sus partes, le bañaron en excrementos mientras sometían su cuerpo desnudo a descargas eléctricas. No pudo superarlo. Poco después se suicidó.

Lunes, 5 de agosto. Se declara el estado de excepción en Guipúzkoa. Detienen a 50 personas.

Miércoles, 14 de agosto. El consejo de Ministros restablece la ley de Bandidaje y Terrorismo de 1960 con penas de 30 años, muerte y consejos de guerra para esos delitos.

Martes, 22 de octubre.
¿Cómo es posible que supieras lo del embarazo de Cosco?
Soy la mayor de 13 hermanos, Santiago. Me he pasado la vida con una madre embarazada. No hace falta ser médico. Los ojos de una embarazada tienen un brillo distinto, yo creo que es el reflejo de la vida que llevan dentro.
Lo supimos a finales de Agosto, cuando nos dijeron que ya estaba de tres meses y nos acordamos de ti, de lo que decías del hijo. Cosco tiene los periodos muy irregulares, se pasa tres y cuatro meses sin periodo; en ella es normal, tiene ciertos problemas, decían que sería muy difícil que pudiese tener hijos.  Ni siquiera lo imaginábamos, ¿entiendes?
Os creéis que estoy loca y te lo digo siempre, Santiago hazle caso a esta vieja.

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1969.
Viernes, 17 de enero.
Angelines corría por el pasillo. Tenía la cara extremadamente blanca. La absurda idea de que quizá hubiera visto el fantasma de la abuela pasó por la cabeza de Santiago.
 
Santiago, tiene usted que irse. Era la señorita Cosco, dice que la cosa se está poniendo fea, dice han detenido a un tal Julián. Dice que vaya usted corriendo, que le espera en el bar de Paseo de Gracia, en el de los espejos, me ha dicho. Dice que está muy cansada. Ay la pobre, en su estado, dese usted prisa, parecía muy asustada. Yo,… no he podido contarle lo de su abuela.

Santiago bajó las escaleras de dos en dos, la madera chirriaba bajo sus pies, como si el piso estuviese a punto de quebrarse. Como él. Imaginó a Julián detenido. Imaginó interrogatorios interminables, torturas, como la que tantas veces le ha contado su abuela de aquel pretendiente poca cosa con cara de susto. Imaginó su nombre en una lista, el nombre de Cosco en la misma lista. Imaginó a Cosco embarazada, frágil, cansada, sentada en el húmedo banco de cualquier calabozo, sin una manta, teniendo que hacer sus necesidades en el desagüe de una celda anónima ante las miradas de guardias hijos de puta.  Las calles no terminaban, los semáforos entorpecían el agitado conducir de Santiago, entonces pudo ver la puerta del establecimiento donde Angelines dijo que Cosco le esperaría. Distinguió la espalda del abrigo de pelo azul de Cosco, sus botas de cuero, las medias de lana que compraron en Londres. Al verla sintió cómo su mandíbula se relajaba, casi sonreía, los dedos de las manos dejaron de aferrar el volante como si fuera un salvavidas. Pitó varias veces. Cosco entró en el seiscientos de Santiago, se abrazaron, se besaron los labios con la urgencia del miedo.  Santiago acarició la tripa abultada de Cosco. Sintió un golpe. Cosco posó sus dos manos sobre las de Santiago, bajó la vista y al levantar el rostro Santiago pudo reconocer ese brillo en los ojos del que le hablaba la abuela.
De repente una riada de gente subía enloquecida por el paseo de Gracia, salían en marabunta de las Ramblas, arrasando todo a su paso, un griterío ininteligible empezaba a cobrar volumen, ecos de sirenas, olía a humo.

Santiago trató de estudiar la situación, se decidió por subir todo Gracia, seguiría hacia la L’arrabasada monte arriba. Apretó fuerte la mano de de Cosco.  Nos vamos de aquí, dijo.

Comenzaron a subir la carretera de la L’arrabasada, pasaron la mansión abandonada donde tantas veces celebraron reuniones con todos, Julián al frente, preparando manifestaciones, discursos, huidas. A Santiago le temblaban las piernas, el volante parecía escaparse entre sus dedos empapados en sudor. Vio entonces una pequeña explanada a la derecha. Paró. Se secó las manos en las perneras del vaquero. Buscó el tabaco en algún bolsillo de la  chaqueta. Se topó con un papel amarillento, doblado en cuatro trozos. Cosco, dijo, necesito unos segundos. Encendió un cigarro y aspiró hondo, echó el humo por la ventana. No me ha dado tiempo a decirte nada. La abuela ha muerto. Se quería morir, sé que es lo mejor que ha podido ocurrir, no ha sufrido y en vida lo único que hacía era sufrir, dolorida, encorvada como un siete. Menos mal que tenía a Angelines. Lo de mi madre terminó de destrozarla.  Pero ahora, justo ahora, me hubiese gustado que conociese a su bisnieto.
Lo siento cariño, Cosco le apretó la mano. Se acercó a él y le abrazó la cintura. Tu extraña abuela, sabes lo bien que me caía. La última vez que fui a verla me pidió que me acercase a ella. He de confesar que me dio un poco de repelús  su boca desdentada, recuerdo que el aliento casi me provoca una arcada, olía a vacío, a estómago podrido, ella, con su chándal turquesa, el rubio platino y las joyas. Aquel día me dijo lo del brillo en los ojos. Cosco,  vas a ser mamá, hazle caso a esta vieja, ya no veo bien hija, pero ese brillo sí lo veo. Si tuviera que imaginar una bruja sería como tu abuela. Ella lo sabía, cariño. Nosotros ni lo imaginábamos y ella ya lo sabía.
Me ha dejado un plano de cómo llegar a esa casa de la que tanto hablaba. Lo curioso es que la letra del plano no es de la abuela.  La del título sí, pero la de las indicaciones no.
Coscó cogió el papel amarillento, abrió los dobleces. ¿Lo ves? Era un poco bruja. Necesitamos un escondite. Y aquí está, en este plano. Cada vez estoy más convencida de que esa casa, encantada o no, existe.
Cosco se concentró en estudiar el mapa. Deberíamos seguir hacia San Cugat. ¿Ves?

Tardaron horas en encontrar el lugar exacto, ya era noche cerrada cuando llegaron. Incluso en algún momento Santiago casi pierde los nervios. No tenían linterna, tampoco había alumbrado. La última luz se perdió a los lejos, acompañando a la única casa que había en los alrededores. La verja estaba cerrada. Santiago saltó y desde dentro pudo abrir sin problemas. Le dijo a Cosco que iría a echar un vistazo, que mejor esperase en el coche.  Se adentró por el sendero, apenas veía nada, a ambos lados sólo intuía el roce de los árboles, ruidos de ramas, gatos moviéndose por algún rincón de la noche, a lo lejos  ladridos de perro.  Cogió una rama delgada, le prendió fuego a la punta y le sirvió de pequeña antorcha mientras subía unas escaleras que parecían rodear la casa. Llegó a una explanada y a su derecha se erguía la puerta de entrada al caserón. Los cristales estaban rotos, introdujo la mano y pudo abrir el portón de madera.  Recorrió la planta baja, había cristales, latas de cerveza y conservas, plásticos, la hojarasca cubría el piso, algunos muebles cubiertos con telas mugrientas apestando a humedad y orines. El frío se colaba entre las grietas y cristales rotos. El ulular del viento producía un efecto sobrecogedor,  Santiago comenzó a tiritar. En el cuarto de la izquierda había dos sofás formando una ele frente a una chimenea con restos de cenizas y troncos. Subió unas escaleras. Abrió la puerta de la derecha. El cuarto estaba limpio, una cama de matrimonio, en el armario encontró varias mantas dobladas. Recordó las imaginarias excursiones de la abuela. Hoy he arreglado el cuarto de arriba, el de la derecha, estaba lleno de hojas. Mañana subiré mantas. Volvió a bajar a la planta baja. Salió al exterior, recogió palos, ramas y hojas. Con ayuda de restos de periódicos antiguos hizo fuego. Pudo observar con detalle el minucioso tallado de mármol que decoraba la chimenea. Subió a por las mantas del cuarto de la derecha, antes de bajar entró en el baño. Abrió los botes de la estantería; contenían bolas de telarañas, y no te digo la de telarañas que he podido sacar. Las he guardado en botes. Volvió al coche y le dijo a Cosco que parecía un lugar seguro.

Fue una noche gélida.

Sábado, 18 de enero.
He traído algo de comer. Hay una tienda que vende un poco de todo a pocos kilómetros. He comprado linternas, leña y un brasero. Cosco, nos vamos a quedar aquí. Al menos unos días. En la tienda me han dicho que estaban deteniendo a todo el que tuviese pinta de estudiante, de rojo o quién sabe de qué. También hay una cabina pero no he localizado a nadie en ningún teléfono. Sólo he podido hablar con Angelines,  los de la funeraria se han llevado a la abuela. Mi tío llega mañana y se encarga del papeleo, la van a incinerar. Es mejor que nos escondamos hasta que sepamos qué está pasando con Julián. Y no sabes cómo es esto Cosco. La abuela tenía razón. Es una casa increíble. Desayuna y damos un paseo.

La luz fue entrando poco a poco en el cuarto. Cosco se encontró frente a una chimenea de mármol de diseño modernista. En el salón estaban las vidrieras de las que hablaba la abuela dando paso a un balcón, tan sólo había sobrevivido el cristal en un ala de los enormes ventanales.  A la derecha se abría otro pequeño balcón redondo con una silla de mimbre que parecía esperar a su dueño, como los muebles art decó, tallados en caoba, hechos a medida para quien un día habitó aquel palacete. Unas escaleras de caracol subían a la planta de arriba. Allí había tres habitaciones. La de la derecha estaba limpia, una cama de matrimonio en buen estado. Las otras dos sólo tenían restos de colchones meados y rajados por los suelos. Cacas de ratas. Botellas, latas, papeles, jeringuillas. Mierda acumulada de años de abandono, huellas de vagabundos temporales. Cada habitación comunicaba con la enorme  terraza que rodeaba el palacete, coronada con los minaretes desde donde se veía el horizonte entero. Unas escaleras bajaban a la cocina. Un arco dividía la cocina del comedor, sólo se había conservado la mesa. Restos de sillas desperdigados, astillas. Las despensas abiertas, tarros sucios rellenaban las baldas. Y telarañas. Y hojarasca.

Frente a la entrada principal había un estanque y Cosco lo visualizó con peces y nenúfares. Siguieron el sendero hacia el norte, el terreno parecía no acabar nunca. Apenas pudieron hablar, la belleza del monte Tibidabo y el susurro de sus árboles los había conmovido, fue uno de aquellos momentos en los que el silencio expresa lo que las palabras no alcanzan si quiera a balbucear. 

Lunes, 20 de enero. Muere a las 2 de la tarde el estudiante Enrique Ruano, mientras su domicilio es registrado por la policía política (brigada social). La policía declara que se arrojó desde el 7ª piso.  Se producen manifestaciones estudiantiles de protesta.
Cualquiera podíamos haber sido ese estudiante. Ya lo decía mi abuela, torturan y matan. Asesinos hijos de puta. Como le pase algo a Julián te juro que los mato a todos. Aquí estamos seguros, Cosco. Cuando te pongas de parto bajamos al hospital y ya veremos cómo está la cosa, todavía queda tiempo. Santiago acarició la tripa de Cosco, sonrió y la besó en la boca.
Aquella misma tarde Santiago eligió el lugar donde pondría el huerto. También aquella misma tarde Cosco dibujó el  primer boceto de la brujita de casa encantada, el modelo que años después se convertiría en la pieza estrella del taller de artesanía que compartiría con Julián.

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2011

Domingo, 15 Mayo. Nace el movimiento 15M. Reunidos bajo el lema “No somos mercancía en manos de políticos” se convocan manifestaciones en toda España.
Santiago observa el ocaso del sol hasta que se posa sobre el mar. Desde algún lugar de otro mundo le llegan frases de su abuela: cuando te dejas acariciar por la puesta de sol, a tus pies el bosque y allá, a lo lejos, diminuta como una colmena de hormigas, Barcelona entera hasta que distingues el mar. Prométeme que irás. Allí estaréis seguros.

Cosco aparece con ese andar inconsciente de su sensualidad.  Siempre tengo que coger yo el teléfono, dice enfurruñada. Estás tú mucho más cerca. Desde luego, sólo escuchas lo que quieres. Era Antón, dice que vuelve mañana. Ya no hay enfado en su tono, sólo la voz de una madre. Siguen en la puerta del Sol. Dice que es impresionante. Hacía tiempo que no le escuchaba tan emocionado.
Antón necesitaba cierto empuje, algo de verdad por lo que salir a la calle y no por una victoria del Barsa, coño. Lo que me alucina es la rápida propagación, hasta el Washington Post se ha hecho eco de las protestas, ¡el mismo día en que suceden! ¿No es increíble Cosco? A Santiago se le hincha el pecho escurrido que se esconde tras la pelambrera de una barba de mago Merlín. Los orificios de su nariz vibran con respirar orgulloso. Nuestro hijo está haciendo historia Cosco.  
Se aleja hacia el interior de la casa. Lleva un traje de algodón pegado a sus curvas redondas. Desde atrás parece una muchacha. El cabello se balancea al ritmo de sus nalgas despreocupadas, cintura todavía estrecha, piernas firmes, delgadas y ese aire desenfadado de rabiosa independencia que a Santiago le cautivó desde el primer momento.     


Martes, 17 de mayo. Comunicado de prensa: Democracia Real ya: Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo.


Miércoles, 18 de mayo. El Washington Post vuelve a informar de las protestas dándoles categoría de revolución, comparándolas con La Plaza Tahir en el Cairo. Otros diarios como Le Monde, Der Spiegel, Der Standard, Jornal de Noticias y el New York Times destacaron la buena organización y el éxito de la convocatoria vía Twitter. Se prohíben las manifestaciones en ciudades como Madrid, Granada, Sevilla, Almería, Lérida o Santiago de Compostela.
Cosco escucha música mientras termina de definir cierta profundidad en la mirada de la bruja de pasta de papel. Ha dejado de escuchar la radio, harta de crisis, desahucios y primas de riesgo, pero eso no evita que las ventas continúen bajando. La última semana dos pequeñas tiendas de Barcelona y Madrid cancelaron sus pedidos. Una ha cerrado. Enreda ese pensamiento con Miriam, la novia de Antón, en paro, ya sin prestación. La crisis se estira como un elástico infinito y con ella se aleja la posibilidad de un nieto. Antón no llega a mileurista. Sin contrato fijo ni vacaciones, más precario incluso que el único contrato que Santiago firmó en su vida con el capataz seboso aquel. De aquello hacía ya más de 40 años. Claro que tienen un hogar. Eso ya es mucho. Construido entre padre e hijo, ladrillo a ladrillo, mueble a mueble. Todo encajado en un perfecto puzzle para convivir en 40 metros. Justo frente al caserón, al lado del estanque de nenúfares. Suficiente para que Antón y Miriam mantengan cierta autonomía sin pagar esas locuras que piden por los alquileres en el centro de Barcelona. Después vino la casa de Enric. Ha quedado preciosa, madera vista y ventanales que rodean todo el espacio, excepto el cubículo del baño. La levantaron un poco más arriba, cerca de la torre, ya al final del terrero. Cosco se alegra de tenerle allí. De que el Antón le convenciera para hablar con ellos de la idea. Te quieren como a un hijo. Le dijo Antón. Hay terreno de sobra. Aunque ahora sean propietarios, tienen corazón de okupas, Enric, no eres el primero ni serás el último que encuentre su sitio en La Casa Encantada. Unos se quedan, como el Cisco y el Hamid. Otros se van, como Alfredo, o Yolanda y tantos otros.
A Cosco le resbala una lágrima. Se seca con la palma de la mano antes de que llegue al límite del cuello. Respira hondo. Pobre Lorna, tan joven.  Ha sido un proceso horrible, puto cáncer que ha dejado a Enric sin amor,  y a una niña que apenas sabe hablar sin mamá. Cosco quiere a Andrea como a una nieta, la única nieta.  Y ella desea tanto ser abuela.
Aleix no piensa en niños, ni siquiera tiene pareja. A veces siente que Aleix es un ser de otro mundo, la música parece habitar en él, sus dedos descifran melodías sólo escritas en sus huellas dactilares. Hay momentos en que la sociedad le ofende, entonces pasa días escondido en su buhardilla como si entre las sábanas y el ordenador encontrase cierta comprensión. Comprueba que la pintura de los ojos de la bruja ya está seca. No sabe cómo lo hace pero el efecto está ahí. La mirada tiene vida, parece seguir sus movimientos con pupilas de vieja cansada. Cosco escucha las palabras de la anciana, por un momento cree oírlas de los labios inmóviles de su bruja de tela y pasta de papel pero le llegan amortiguadas, con cierto eco, como si tuvieran que atravesar las paredes del taller. Cosco,  vas a ser mamá, hazle caso a esta vieja, ya no veo bien hija, pero ese brillo sí lo veo.
Cosco sale del taller. Tarda unos minutos en acostumbrar su vista al sol. Distingue la figura de Santiago, encorvada sobre el huerto, devolviendo vida a la tierra, el nexo que todo lo une, como él dice. Recuerda lo jóvenes que eran la noche en que llegaron. Asustados. Muertos de frío. Sin noticias de Julián. Embarazados.

Viernes, 27 de mayo. Los Mossos d’Esquadra desalojan la acampada de plaza de Cataluña
El desalojo se ha saldado con 121 heridos (37 Mossos) y una detención.
Aleix está todo magullado. La herida del brazo se está poniendo fea. Tráeme el bote de telarañas del baño Cosco.
Tú y tus telarañas.
Si no es por ellas hubiera perdido el dedo el día del accidente. El mismo médico me preguntó asombrado qué había utilizado para cortar la hemorragia.
Toma también el Betadine, anda.
No entiendo a estos hijos de puta. Cargan contra estudiantes, desempleados, jubilados o mal pagados como ellos. Y coño, tienen razón. Menos mal que estamos en democracia. Parecía que estuviéramos viendo imágenes del 69. Quizá ahora no sea como entonces. A nosotros nos costaba meses preparar una manifestación, ¿te acuerdas las interminables reuniones para definir un párrafo del panfleto de turno? Qué poco dormíamos. Y luego a empapelar las calles que se te ajaban las manos como si trabajases la tierra. Ahora movilizas al mundo desde un sofá, con un café en la mano y la televisión de ruido de fondo. Es increíble, Cosco. Hablan de la Spanish Revolution en todo el mundo. Partimos de puntos opuestos. Nosotros no teníamos nada, luchábamos creyendo ganar pequeñas batallas hasta que el consumo deslumbró a toda una generación ahogándola en hipotecas y pagos a plazo de un porvenir agotado. Ellos tienen todo menos futuro, pero sobre todo tienen información, tanta, que puede que desinforme más que informe.
Cosco bosteza. Santi cariño, no es momento para largas charlas. Sube a la buhardilla a curar al Aleix que se le va infectar la herida.

Domingo, 29 de mayo. Las asambleas de Madrid y Barcelona, entre otras muchas, deciden continuar las protestas y las acampadas de manera indefinida.
Santiago se despierta incluso antes que los ruidos del bosque. Pasea por el salón mientras toma un café. Observa las vidrieras y los juegos de luz que pululan por el salón adormecidos como él. Trata de calcular cuánto tiempo le habrá costado reconstruir los motivos, primero en papel, después en cristal, rehacer detalles de la nada. Restaurar las vidrieras fue lo primero que se propuso, cumpliendo el pacto no hablado con el dueño de aquella mansión, la condición no escrita del okupa en que se convirtió aquella noche gélida en la que decidieron esconderse en La Casa Encantada. Devolver la elegancia a cada detalle, rescatar la belleza de los estragos del olvido, esa ha sido su tarea desde entonces. Da un sorbo al café, hace una pausa frente a la chimenea, coquetea con su barba mientras enumera detalles pendientes, retocar los dibujos del mármol de la chimenea, la terraza, la puerta de entrada, el aparador de caoba. Allí siempre hay trabajo. La abuela decía que había tanto que hacer allí arriba. Cuánta razón tenía la abuela, ellos pensando que estaba chiflada, el médico aquel que si demencia senil, y allí estaban, en La Casa Encantada de la abuela. De okupas a dueños. Santiago recuerda el juicio,  las más de 20.000 firmas que recogieron para defender su derecho a compra, las aportaciones todavía en pesetas que recibieron de todas las partes de España, la entrevista de La 2 y al final la firma de aquellos papeles. Dueños. Traición a toda una ideología, a su sistema de vida. Un firme paso de burócratas. Pero era eso o perder la casa. Abrir la posibilidad a que la especulación terminase por corromper los cimientos de la Casa Encantada. Deambular con dos hijos pequeños buscando la grieta para colarse en el sistema. Fue una decisión más. En toda decisión hay una pérdida. Santiago aprendió esto hace ya muchos años.

Jueves, 9 de junio. En Valencia la intervención policial se saldó con 18 heridos, 8 de ellos policías.
¿Crees que todo esto servirá de algo?
Es un despertar Cosco. No sabemos hacia dónde nos llevará pero tenemos que tomar este tren; no hay otro.
Ya sabes que el Antón está ayudando a la plataforma de afectados por la hipoteca,  quiere que les des una charla sobre cómo llegamos a La Casa Encantada, que expliques el movimiento okupa como otra forma de vida y les ayudes a organizar la resistencia contra los desahucios. ¿Te acuerdas de Fernando y Maribel?
Santiago escucha los nombres extrañado, como si jamás los hubiera oído antes.
Sí hombre. La camarera de aquel bar que cerraron en el barrio de mi madre. Con dos hijos, embarazada de 7 meses, los dos en paro, el aviso de desahucio es para el viernes 17. Me ha pedido que leas el manifiesto que están preparando, lo quieren colgar en la red esta misma tarde. Cosco le entrega a Santiago un pent drive. Me ha dicho que no corrijas nada sobre el original, que hagas una copia y realices los cambios sólo en la copia. Y que no te enrolles. Que vayas al grano. Que te conocemos, orador del bosque. Le quiña un ojo.
Santiago obvia el último comentario. Cada vez son más casos desesperados. ¿Sabes cuántas viviendas vacías hay en Sant Cugat, Cosco? La Ley...
Cosco eleva la voz. No deja opción a que Santiago continúe con una de sus interminables charlas filosófico políticas.
Son unos chavales estupendos. Mira el Antón, se está dejando la piel en todo esto. Es como si hubiera renacido. Se le ha quitado ese halo de tristeza que llevaba colgado al cuello como un grillete. Le entiendo muy bien. Ese trabajo anodino no puede motivar a nadie. Esto de la revolución sí. Y el Aleix, me deja sorprendida. Lo sabe todo sin salir de la buhardilla. Con el Twitter ese.  A Cosco se le hunden los hombros. Su voz pierde fuerza. Parece empequeñecer como un ratón asustado. Ayer me dijo que está pensando volver a Islandia.
Santiago observa ese instinto materno que duele con cada kilómetro que le separa de sus hijos. La intranquilidad de tener que confiar en las palabras sin poder comprobar la realidad de los rostros. Una voz oculta tras un teléfono puede engañar a una madre pero cuando ven el semblante de un hijo descubren las huellas de sus estados anímicos. 
Venga mujer, no te pongas triste. Si se va, volverá. El Aleix no puede vivir sin su buhardilla, y menos aún sin los guisos de mamá Cosco.


Viernes, 10 de junio. En Salamanca, la Policía cargó contra los indignados, causando cinco heridos, cuando éstos se acercaron al alcalde, Julián Lanzarote, proclamando pacíficamente sus consignas. Tras las cargas policiales en Barcelona y Valencia, el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, advirtió que la Policía actuaría con «firmeza» de producirse episodios de violencia.
Santiago apura el café, hoy tiene planeado probar el nuevo sistema de regadío. Está ampliando la siembra a una pequeña terraza que ha habilitado en paralelo a la primera. Hamid ha sido su mano derecha. Ni Antón ni Aleix demostraron nunca excesivo interés en las cosas de la tierra. Santiago lo considera un error, cuántas veces ha tratado de que sus vástagos entendieran que la tierra y el hombre son parte de un todo, la sabiduría está en la ley matemática que rige el misterioso equilibrio de la vida. Pero ellos son urbanos, sí, algún resquicio de su infancia allí ha conseguido sembrar cierta empatía con el bosque, pero es algo más bien anecdótico. Por un momento, Santiago se ve a sí mismo a horcajadas de aquel caballo, con los chicos entre sus piernas y el cuello del animal, llevándolos de esta guisa a la escuela. Al final tuvo que ceder, Cosco y los chicos consiguieron cambiar el caballo por un coche. Sonríe al recordarlo, como  su indignación el día en que Cosco le calentó el café en un reluciente microondas al que llamó aparato infernal. Recuerda el momento en que recogieron a Hamid en la estación de Sant Cugat. Apaleado y muerto de frío. Con el pánico esculpiendo su rostro como si él mismo fuese un fantasma. Doce,  trece, quizá 14 años. Era Diciembre, eso seguro. El frío que aquella criatura delgada acumulaba en sus huesos era tanto que tardó meses en recuperar la sensación de calor. Hasta que un día, ya a punto de llegar la primavera, apareció de primera mañana sin el gorro de lana que lo acompañaba a todas horas excepto en los raros días en los que tocaba ducha. El tiempo en la Casa Encantada responde a otro calendario. Qué importa que sea domingo o jueves, allí importa si es día de siembra o recogida, si es tiempo de tomates o calçots, si llueve o hace sol. Santiago no tiene domingos, tampoco lunes. Nunca le gustaron cuando los tuvo, ni de estudiante ni después, en la fábrica de muebles del capataz seboso. El hijo puta aquel, escatimaba el pago de horas extras o reducía vacaciones o no pagaba los días de enfermedad. Casi lo mata cuando le amenazó con echarle el día que pidió libre para ver nacer a su hijo. La matrona llamó a la fábrica a media mañana. Dese prisa, acaba de entrar en el paritorio. Santiago corrió escaleras arriba a avisar al gordo seboso. Comía un bocadillo de chistorra. La grasa se le escapaba entre los labios, las migas poblaban su inmensa barriga.
Te irás cuando acabe tu turno. Eructó como sólo lo hacen los cerdos. A boca llena, henchido de grasa. Tan cerca del rostro de Santiago que pudo inhalar la voracidad de la gula.  
Me voy ahora, dijo Santiago.
Tú haces lo que yo diga, cretino, si te vas no vuelvas y a ver con qué alimentas a tu hijo, rojo de mierda. Santiago empujó la silla de una patada, el seboso cayó hacia atrás y pudo observarle moviendo patas y brazos como una cucaracha incapaz de darse la vuelta. Lo dejó así, tosiendo y suplicando ayuda. No volvió jamás, sabe que el seboso lo habría matado si le ve aparecer.

Viernes, 17 de junio. El 15M junto con otras asociaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH y sus fórmulas de de desobediencia civil frustran ocho órdenes de desalojo de vivienda en Barcelona, Rubí, Granollers, Sabadell y Hospitalet de Llobregat en Cataluña, así como en Parla, Madrid capital y Palma de Mallorca.
Cosco abraza a Santiago. Lo habéis conseguido. Ha sido increíble, parecías un sabio guiando a todo un pueblo. Y el Antón, tan decidido, tan serio frente a todos los hombres de negro que se le ponían por delante. Me siento bien. ¡Joder! hemos impedido un desahucio. Puede que tengas razón y todo esto sea el comienzo de algo. Seguro que salimos en las noticias. ¿Vemos el video del Aleix? ¿Has visto cómo ha reaccionado cuando el Mosso ese casi le quita la cámara? No sabía que fuera tan valiente.
Como su padre.
Como el día en que defendiste al Cisco. Fue increíble. Fuiste mi héroe. Aquellos skins lo hubieran machacado. Pobre abuelo. Me da tanta pena que haya muerto sin decirnos quién era ni de dónde venía ¿Y si tiene familia buscándolo?
Cosco, ya hemos hablado de esto. No te atormentes. Si Cisco no hablaba de su familia por algo sería. Nosotros fuimos su familia. Fue el abuelo de los niños. Y él así lo sentía. No necesitaba a su familia que por lo poco que alguna vez comentó no aprobaban su manera de entender la vida. Aquí pudo ser él. Y fue feliz, ciego pero feliz.

Domingo, 19 de junio. Las distintas Asambleas ciudadanas surgidas a partir del desarrollo de las protestas convocaron más de 60 manifestaciones simultáneas en contra del Pacto por el Euro. Las manifestaciones fueron masivas en todo el país y superaron en afluencia las del 15 de mayo.
Cosco está batiendo la crema con la que rellenará los aguacates. Parece pintar un cuadro mientras esparce la crema, coloca el palmito, un chorro de vinagre como pincelada final.
Julián asoma por la puerta de la cocina. Saluda con esa positividad con la que emprende sus mañanas. Atraviesa el bosque a primera hora, cámara al hombro, con la paciencia de quien espía a la naturaleza buscando el momento exacto en que retratar la magia del bosque para plasmar detalles y colores en duendes, libélulas, hadas y el sinfín de criaturas de pasta de papel que diseña con Cosco en el taller.
Cosco le pregunta por David.
Pues otra vez en las calles, en el 19-J. Este chico, Julián menea la cabeza.
Santiago le prepara un vaso de vino. Lía un porro de marihuana y se lo extiende. Con esto despistarás un rato a las preocupaciones. Pero Julián, ¿qué esperabas?, dice de repente, es tu hijo, ¿has olvidado todas las manifestaciones que llevas en estas espaladas? Le golpea la chepa con una palmada. Excepto por aquella melena que llevabas a lo Janis Joplin, David es tu viva imagen.
Julián cuenta la anécdota de aquel concierto en el que le confundieron con una mujer y casi le violan en el baño.  Cuando se apagan las risas la conversación vuelve a los chicos.
Eso no quita que hoy debería haberse quedado en casa. Ya tiene bastante. Le metieron piedras en la mochila, le golpearon como me hicieron a mí en tiempos de dictadura. Cuando me lo estaba contando tuve una regresión a aquella celda, pude oler el mismo hedor que desprendían aquellas paredes, pude sentir el frío en los dedos de los pies. Creo que lo más me duele es que lo haya tenido que sufrir mi hijo. Son iguales que entonces. Le arrastraron del pelo, golpeándolo hasta romperle dos costillas, 48 horas incomunicado, sin comer, sin ir al baño. Llegó temblando, el pobre, casi me pongo a llorar cuando lo vi.
Santiago murmura algo así como que la historia se repite. Se acaricia la barba, sus dedos bajan lentos hasta rozar la pelambrera, a ratos blanca, a ratos gris, amarilla alredor de los labios. Juguetea con la perilla, abstraído en tantos pensamientos que parece necesitar ese descanso de caricias y enredos para ordenar el caos. El poder del miedo, dice en alto.  Sirve más vino. Es aquí donde reside el miedo. Golpea con dedo firme su sien, en la amígdala cerebral. Mecanismo de supervivencia biológico o maquinaria de control social. Vivimos un mundo controlado por amígdalas psicópatas. Como las de Acebes. Santiago imita al político: Señorías, ustedes se han opuesto a la reforma legislativa que el Gobierno ha propuesto para que el inmigrante ilegal delincuente sea expulsado de España y no vuelva a entrar en la Unión Europea en diez años, para que haya claridad.
Por si alguien tenía alguna duda de que inmigrante ilegal y delincuente son sinónimos. Bastardos xenófobos. Os recuerdo a todos que aprobaron la ley de extranjería sólo con el apoyo de Coalición Canaria y CiU. Lo peor es que son psicópatas integrados en sociedad, esos a los que no se les nota.
No eras tú el que decía que no gastaría un gramo más de saliva en hablar de política. Julián saboreó el vino y aspiró una calada de marihuana.
Sólo digo que espero que esto del 15M y todo lo que lo rodea sea el comienzo de otra cosa, al menos de otros políticos.
Mucho ruido y pocas nueces. Te lo digo yo. Julián apuró el vino y golpeó la mesa con cierta rabia. Ya viste lo que pasó en las Municipales, tanta acampada y tanta protesta y el PP arrasó.
Estos movimientos son lentos Julián, muy lentos, la esclavitud sigue presente pese a estar abolida, tampoco los derechos de la  mujer se respetan tanto como se debaten, no ya en África ni en India, aquí, entre la chusmélite cultureta que lidera toda manifestación que apunte a cierto eco mediático.  Los modernos que abrazan y se exhiben en tanta causa social ocultan un sexismo aplastante, ¿cómo explicas que el año pasado de 187 películas producidas tan sólo 19 fueran dirigidas por mujeres?
Cosco grita desde el fogón. Tú mucho hablas. Pero aquí quien coño cocina.
Ah no. Por ahí no. Tú cocinas, yo arreglo cosas, hago muebles, me encargo del huerto, y te digo más, si tuviera que cocinar yo dudo mucho que Julián nos halagase con su compañía. Antes pagaría por cualquier menú de bar. Pero si lo mejor de esta casa son tus comidas, cariño. Cada uno hace lo que mejor se le da y más le divierte, ¿no? Es un pacto.
Ya, un pacto no discutido.

Lunes 20 de junio - Grupos de indignados inician la llamada Marcha Popular Indignada. La intención era darle visibilidad a las propuestas del Movimiento 15-M y expandirlo en las zonas rurales alejadas de las urbes confluyendo en una gran manifestación en Madrid prevista para el 23 de Julio.

Martes 21 de junio - Primera respuesta del Congreso de los Diputados. La sesión dio lugar al primer debate parlamentario con participación de todos los grupos sobre el 15-M, en respuesta a una iniciativa de moción de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que se aprobó por unanimidad. El texto de la moción establecía el establecimiento de un proceso de diálogo con el movimiento y de estudio de sus propuestas.
Santiago  sirve vino. Chicos, brindemos por vuestra primera victoria. Los absurdos trajeados del hemiciclo tienen que hablar de los indignados, de todos y cada uno de vosotros. Hoy sois los protagonistas del debate político. Y en esta democracia es un milagro que los mudos hablen.
Yo no me fío. Todo me huele a populismo descarado. Tenían que hacerlo, ¿no? No podían permanecer callados ante un movimiento que es portada en toda la prensa mundial. Es lógico. Una treta que acabará en mentira política. Migajas para acallar al pueblo. El pan caliente se lo seguirán comiendo ellos. Ya lo verás.
Antón habló con tono decidido. Pues yo creo que esta vez el Santi tiene razón. Cosco, tienes que reconocer que es un paso. Estas cosas son lentas. Los imperios no se derriban en un día. Se necesitan siglos.  
Un paso, murmura Aleix. Será un milagro si el 15 M pasa de ser un estado de breve inspiración. El cambio real no está en su camino. Es sólo un espejismo de lo que ha de venir. ¿Es que alguien conoce algún cambio sin violencia? Destruir para crear. Esa es la esencia evolutiva.

Las últimas palabras parecen flotar en el silencio del ambiente, la luz que atraviesa las vidrieras se va volviendo opaca hasta que se extingue. Santiago y Cosco reconocen el susurro, la voz cansada que les habla desde algún lugar del caserón: Tu hijo va a disfrutar mucho esa casa, no sé si es niño o niña, pero si sé que será especial. Acuérdate de lo que te dice esta vieja.

2 comentarios:

  1. Los pueblos cambian, los gobiernos cambian. Sólo la policía permanece!
    Héroes a los q no les importa meterse en el barro mientras q otros muchos cambian de canal para no ver.... Quiero,necesito ya meterme en ese barro, demasiado tiempo dejando q la inercia me lleve esta ayudando a q me de asco yo misma a dejar de reconocerme. Y sobre todo me asusta, así? Q puedo aportar a mi hija. A desalambrar! Juntos con manos piedras y palabras, pero despertarnos!!!

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  2. Olé, Gemma, a despertar y a seguir en la brecha. Juntos podemos!! Bss y gracias.

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