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lunes, 15 de abril de 2013

Así en el euro como en el fútbol. Amén.


Durante el partido Dortmund-Málaga pude oír el rezo de la Merkel entre jadeos y gritos de fuera de juego. Yo lo escuché, no descarto que el árbitro también lo hiciera. El Málaga volvía a casa. Jodido, cabreado. Azotado por la injusticia del mantra merkeliano que rezamos a diario en hospitales, escuelas, bancos o empresas. Dóciles víctimas de la codicia del euro. Excepto en el campo de fútbol. Reducto exento de primacía germana. Única fuente de orgullo patrio malherido en sus cimientos podridos. Momentos para olvidar el cuento imperfecto de democracias que extinguen la clase media.  Minutos sordos de lamentos sin futuro.  Sólo gritos de victorias sin deudas ni recortes.

Ahora también dudosos árbitros parecen doblegar su juicio al mandato merkeliano. Cierto es que hubo un fuera de juego del Málaga que terminó en gol. Impreciso, discreto. Una posición difícil de apreciar en un par de segundos. Fue después, a jugada parada, viendo uno de esos programas que analizan cada partido como si desgranasen la estrategia del enemigo en guerra cuando aprecié el fuera de juego. Puedo entender que también se le escapase al árbitro. Pero en el último gol del Dortmund millones de espectadores pudimos observar dos evidentes e indiscretos fueras de juego. Primero uno, después otro. Extraña y prolongada ceguera. Derrota del málaga, victoria alemana. Un espectáculo. Casi sádico. De circo romano. Nos dejan luchar hasta arrancarnos los derechos a tiras, en el campo o en la vida, y cuando parece que vislumbramos el fin de la tortura, el dedo de la Merkel nos niega la salvación. Y devoran la exigua esperanza de la clase media en los inciertos países dónde cobramos a peseta, dracma o escudo y pagamos la vida y la deuda en euros.  

Victoria germana. Así en el euro como en el fútbol. Amén.

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