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jueves, 18 de abril de 2013

Tomate bajo las uñas.

Papeles y sobres pringan como pegajosa sopa de tomate. Los restos del tomate pueden verse bajo las uñas de tesoreros y políticos de alta cuna del PP, incluso de las delicadas manos de príncipes y princesas. Y de empresarios. Yo te financio, tú me concedes. Así funciona el matrimonio corrupto de economía  y estado. Pero esto ya lo sabíamos. Todos lo sabemos. De hecho y no de palabra.  Tampoco nosotros escapamos a los restos del tomate bajo las uñas. Un alquiler sin declarar, facturas de chapuzas y arreglos del coche en ese taller que no nos cobra IVA, o puede que nuestro curriculum antes de ser crudiculum accediera directamente a las manos del director de turno que resulta que fue al colegio con tu padre. Restos con distinto ADN. Los nuestros son arañazos de superviviente, rasguños necesarios para llegar a fin de mes, alguna rasgadura con la que  pagarte un día de lujo. Los suyos responden al ataque del depredador, desgarrones de lo público que abren en canal el bienestar social dejando heridas de difícil sutura, puede que mortales. Bajo sus uñas descansan despojos de empleo,  derechos sociales, pensiones, desahucios, cultura, escuelas y hospitales públicos y la confianza de un pueblo que un día creyó que también ellos, como España, iban bien.

Que la chapa os acompañe...

YeyéMachine Chapas

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