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viernes, 28 de junio de 2013

Por siempre jamás


Ante la pregunta, Norma respondía un no tengo padres y la voz se le iba diluyendo como si perdiese conexión con la garganta. Nunca utilizaba la palabra huérfana; pertenecía a lo que consideraba palabras ajenas, voces intrusas al reservado de la primera persona.
Cuánto lo siento, lo siento mucho, te acompaño en el sentimiento. Luego el silencio hasta que llegaba la conversación de ascensor, la mirada compasiva y un roce de manos con forzado sentimiento de carne cruda. Hasta que encontraban el momento de levantarse y huir de allí. Pero Ramón no se levantó, tampoco esquivó el tema, sólo dijo que habría que extirpar el dolor. - No me crees. Y dejó escapar media sonrisa entre burlona y segura, como si escondiese un as en la manga.

Había transcurrido una semana de intentos fallidos desde la reunión en casa de Ignacio cuando llegó el golpe de suerte. Una de las amigas del círculo íntimo de Norma buscaba casa y un compañero del colegio de Ramón alquilaba un apartamento con el que compartía zonas comunes, jardín y una caseta habilitada para barbacoas.   Ponerles en contacto fue fácil. A Ramón no le costó convencer a su amigo para organizar una barbacoa como gesto de bienvenida hacia la nueva vecina. La suerte ayudó y Norma se encontraba entre las amigas invitadas. Ramón se acercó a ella sin haberla reconocido. De la larga melena de las fotografías no quedaba ni rastro. Tenía el pelo corto. La redondez de cara había dado paso a mejillas hundidas y una mirada que parecía no querer mostrar, incluso dentro de la caseta la mantuvo oculta tras las enormes gafas de sol. Después comprendió el empeño de Norma en ocultar aquellos ojos, tan asustados de su propia  tristeza que no pudo evitar sentir lástima. En un principio le resultó lejana, parecía abstraída en algún lugar lejos de allí, hasta que la pena se fue evaporando al ritmo del hielo de su gintonic y entonces se volvió divertida, escandalosa a ratos. Al final de la noche Ramón se aseguró de que los pasos desmadejados de bailarina sin coreografía llegasen a su casa, desabrochó sus zapatos, tumbó el cuerpo inerte de Norma sobre el sofá de flores, la cubrió con una manta, limpió los restos de rímel corrido de su rostro antes bello, demacrado a esas horas por el bajón de drogas y alcohol. Apagó las luces del piso de Norma y se fue.

Algunas palabras pasaban de una categoría a otra, como Navidad, términos que entrañaban cierta naturaleza durante largas épocas de una vida hasta que se convertían en lo contrario a lo que debían de inspirar. Entonces Norma las incluía entre las bipolares, palabras de las que no se podía fiar, voces traidoras y deshonestas. La alegría de cenar en familia, las películas de amor y el Feliz Navidad se convirtieron en algo insoportable. Odiaba a todo el que no había perdido a alguien. A las familias felices y a sus vecinos. Los odiaba porque la evitaban. Como si fuese un imán de desgracia. Huir a lugares donde representar otro papel sin cadáveres cosidos a su piel se convirtió en necesidad.

Ignacio creyó que sería información de algún proveedor. Al dar la vuelta al sobre casi le estremeció el sello lacrado de la Fundación. Rompió el sello, extrajo el contrato. Deseó que fuera un asunto puntual, algo que no le rozara demasiado. Con cada trabajo crecía la desazón que le producía ese vínculo eterno con una sociedad fantasma de la que apenas conocía algún detalle más que su deuda.  Sus ojos buscaron las fechas de inicio y fin de contrato. El inicio estaba claro, pero  en el lugar destinado a la fecha de finalización leyó el símbolo de infinito. ¿Qué coño significaba aquello? Ignacio estudió el resto de los detalles. Todo parecía correcto. Extrajo el USB, lo conectó al ordenador y abrió los archivos buscando alguna otra copia del contrato con fechas coherentes. Pero sabía que la Fundación no cometía errores.

Estimado Ignacio,
Comprendemos el exceso de responsabilidad que le exige el nuevo encargo e incluso su inicial reticencia. Ya sabe que los trabajos son absolutamente confidenciales y no estamos autorizados a revelarle la procedencia de los fondos ni las razones que nos han llevado a elaborar este contrato sin fecha de caducidad, o en otras palabras, por siempre jamás, al igual que el pago de su deuda, querido Ignacio. Confiamos en que asuma la responsabilidad para la que ha sido elegido sin obligarnos a tener que ejecutar las nefastas consecuencias que supondrían para usted el desertar de la misión.
Mañana dispondrá del ingreso correspondiente a sus honorarios, además del habitual sobresueldo en concepto de gastos que se le abonará puntualmente los días uno de cada mes.
Cordialmente,
La Fundación.

Con el traqueteo del autobús a Norma le gustaba evocar las palabras deseadas. Esas en las que siempre quería estar, como vacaciones. Hasta entonces el destino solía ser lo importante. Aquella Navidad lo importante era tener uno. Y Ramón se lo puso en bandeja: Venecia. Cualquier entorno valía con tal de huir de la Feliz Navidad. Comenzar el año en un escenario nuevo era algo casi simbólico. Se iba con Raquel; aún no habían decidido dónde.  Mejor estarían con Ramón y sus amigos desconocidos que solas brindando por el Nuevo Año, la una amputada de amor incondicional, la otra herida de mal de amores. Venecia. Daba igual Venecia que Roma que Berlín. Qué más daba que le acabasen de conocer.
- Ramón es un encanto y nos va a tratar como a princesas. Te he contado lo de la otra noche. Un auténtico caballero. ¿Y quién sabe si uno de esos amigos desconocidos no es justo lo que necesitas? La mancha de mora con otra verde se quita. Así convenció a Raquel.  

Ignacio se movió rápido. No tenía mucho tiempo, quedaba poco más de mes y medio para Fin de Año. La Fundación consideraba fundamental la necesidad de sacar a Norma de su entorno durante aquellos días. Un comienzo de año en un contexto distinto podía suponer un detalle vital.  Nacho intentaba convencerse de que se acostumbraría. Terminaría queriéndola. Tendría que ser así si estaba condenado a protegerla de excesos y tendencias suicidas. Su deuda. Su esclava deuda con aquella sociedad oscura. Jamás le habían encargado nada que rozase lo ilegal, se limitaba a recrear falsas ilusiones, a regalar amor a suicidas y desesperados o abrazar al solitario. Pero una vez dentro ya no se podía estar fuera, jamás le permitirían abandonar la misión; estaba condenado a asumir los encargos, forzado a engañar a pobres criaturas que confiaban en él.

Pocas horas después había leído toda la información sobre Norma. Accedió al programa de la Fundación, introdujo sus claves, la contraseña asignada al caso de Norma. En apenas dos minutos Ignacio tenía en la pantalla todos los amigos, conocidos, compañeros, vecinos e incluso camellos de Norma, clasificados por grado de amistad y ordenados por las conexiones con sus colaboradores, teleamigos, como le gustaba llamarlos.  Ignacio los organizaba en células geográficas, contaba con cinco subdivisiones que cubrían casi toda España. Avisó a Jesús y le explicó que no podrían pasar Fin de Año a solas. Habían hablado de un viaje al Caribe, ellos dos solos. En cuanto mencionó a la Fundación, la voz cabreada de Jesús cambió de registro por completo. A Jesús le encantaba trabajar para ellos. Se sentía el héroe de los desamparados y eso le hacía feliz. Nada sabía Jesús de la eterna obligación de Ignacio, ni de su pesadumbre, menos aún del peligro que podía suponer no asumir un encargo. Tampoco el resto de los teleamigos, ellos sólo cobraban o viajaban a gastos pagados por simular amor, Ignacio los tenía bien aleccionados, entregados a la extraña misión de regalar empatía al necesitado.

Ignacio organizó una reunión de urgencia con la célula madrileña. El primer objetivo sería entrar en el círculo de Norma. El segundo y no fácil suponía pasar las Navidades con ella y fuera de Madrid, mejor aún, de España. No era un encargo de desamor, ni de procurar un día especial o un cumpleaños inolvidable. Los últimos solían ser los más frecuentes, fáciles, rápidos y agradecidos. Esta vez  era muy distinto, quién sabe cuánto tardarían en tejer y afianzar la red de teleamigos en torno a Norma. Repartió una copia del informe facilitado por la Fundación. Analizaron la viabilidad de las conexiones con el entorno de Norma pero no hallaron nada claro. Habría que forzar el encuentro. Pero sí avanzaron en los preparativos de Fin de Año. Coincidieron en la necesidad de organizar una estancia tranquila, evitarían multitudes, sexo, fiesta o excesos. Una ciudad sin opción a oferta de noche para poder  tener a Norma controlada en un apartamento, pocos teleamigos, mujeres o gays con quienes fomentar el diálogo y sembrar el germen de un vínculo nuevo que la raptase de sí misma.

Las palabras inconclusas se parecen a esos individuos que carecen de identidad, la adquieren cuando se suman  a un grupo, secta, profesión o pareja que les transfiere significado, y ellos lo abrazan cual remedio de su propia insignificancia. Como la palabra siempre,  términos dependientes, palabras sin carácter que asimilan la esencia de la sombra que les cobija.  

Diecisiete años después del viaje a Venecia; Norma sabía que podía contar con ellos. Se lo habían demostrado una y mil veces. Jamás fallaban. Ya fuera un plan de vacaciones, una copa de última hora, un cumpleaños, un mal día, una noche de excesos y pérdida de memoria. No juzgaban sus modos de afrontar la vida o el dolor, entendían, escuchaban o simplemente estaban. En torno a ellos, la palabra siempre sonreía, eterno diamante de amistad, bondad de seres extraordinarios que posiblemente habían salvado su vida. Era consciente de ello. Habían conseguido atenuar esa tendencia al precipicio donde un mal paso habría sido fatal. Entre accidente y suicidio. Sólo ella lo hubiese sabido. Sin embargo, en el recuerdo de sus padres, siempre significaba lo negro del luto, la pérdida eterna, el miedo constante a la muerte y el desconsuelo con el que compartía cama.

Ya eran la seis de la madrugada en la que Norma cumplía 43 años. Sólo quedaban los cuatro.
- No sabéis lo importante que habéis sido para mí, Ignacio, Jesús, Ramón. A veces pienso que si no os hubiera conocido…  No terminó la frase. Elevó por encima de los ojos el cuarto gintonic y dedicó un largo trago a la amistad, no a cualquiera, a la de ellos, los seres extraordinarios, sus héroes amigos.
Ramón y Jesús brindaron con ella.
- Por siempre. Lo dijeron casi al unísono. Después besaron los labios de Norma como si sellasen el pacto eterno.
- Héroes amigos no, teleamigos. Balbuceó Ignacio. No hay nada de extraordinario. Es una farsa, un puto montaje. Toda esta fiesta. Jesús y yo, Ramón, Mikel, Sira, Gonzalo, Charo y todos. Todos estos años. Nos pagan a todos. No sé quién nos paga, nunca lo he sabido, no sé si es un mecenas o un loco que redime sus pecados evitando potenciales suicidios. Jesús corrió hacia Ignacio. Introdujo su lengua hasta la garganta. Bésame y calla, le dijo. Cuando acabó el largo beso Jesús se dirigió a Norma.
- No le hagas caso cariño, está borracho.

- Los borrachos y los niños dicen la verdad. Norma dio otro trago, volcó el vaso hasta que el hielo chocó con sus dientes. Mientras servía una dudosa última copa clasificaba mecenas en la categoría de palabras literarias, términos sugerentes que despiertan su imaginación, vocablos que viven en cuentos de hadas y  susurran historias de por siempre jamás. Como si un dragón hubiese quemado su cuento, un cambio brusco transformó la ensoñación de su rostro en algo parecido al pánico: ¿me seguiréis queriendo cuándo os dejen de pagar? Agitó la copa. Pero ni su risa ni el tintineo de los hielos pudieron acallar un eco de angustia.


5 comentarios:

  1. Te felicitó por la prosa, tiene una belleza y una solidez admirable y, además, no es la prosa insolvente que busca metáforas inútiles, sino que surge de tu alma de escritora con elegante sencillez y va articulando emociones hasta el inesperado desenlace.

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  2. Esto es amor infinito, eterno como el de La Princesa Prometida. Gracias por expresar lo que la mayoría no somos capaces.

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  3. Logras que,efectivamente,el lector no intuya o adivine el inesperado desenlace;lo cual no es fácil. Cuántos best seller hemos leído hasta la última página sabiendo de antemano lo que iba a suceder?
    Por otro lado,utilizas una narración y descripción que fluyen con una naturalidad y creatividad espectacular. Es un léxico y unas expresiones que sin ser rebuscadas (pecado mortal de muchos escritores que sólo consiguen ser pedantes), parecen emanar de una de las tierras más fértiles en la faz de la literatura.
    Tu papi lo tenía,tú lo tienes,pero no lo tiene cualquiera. Por eso te animo a que sigas siempre ahí,si quieres en la voz de los mudos,pero en el poder que tu palabra puede ejercer.
    Muchas gracias por permitir que tu voz,reflejo de la voz de muchos,sea escuchada alta y clara.
    Sole.

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