Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

lunes, 29 de abril de 2013

Abismo así en el euro como en el fútbol.

Me hubiera gustado haber presenciado dos derrotas oscuras debidas a la omnipresente influencia de la Merkel. Todo lo roza. Empleo, salud, educación, impuestos, pensiones, deudas y primas de riesgo. Hasta ahora a los países de pandereta nos dejaba el fútbol, lo único que logra mover los culos de millones de españoles. Todos a la calle. El mundial es nuestro aunque el futuro sea de ellos. Tapas y cañas para celebrar la hegemonía mundial, entre balones y porterías, eso sí.

Sin trucos, ni robos ni trampas, las juventudes merkelianas han exhibido su superioridad también en el campo. Derrotas inimaginables. Diferencias devastadoras. Más de uno a priori lo habría catalogado de imposible. Pero en el fútbol como en la vida sucede lo nunca imaginado saltándose estadísticas y previsiones como si fueran promesas de empleo que siguen sumando Crudiculums pese a rotundas afirmaciones de descenso.

No ha habido robo. No ha habido arbitraje polémico como en el Málaga. Simplemente los alemanes no tuvieron contrarios. No hubo Barça. Tampoco Madrid. Sólo potencia germana bailando al son del mantra merkeliano, cántico hegemónico que ahora decide el destino de sus primos pobres, prosa que ha sepultado el voto popular  en altavoces mudos.

No encuentro explicación a las ausencias en bloque de ambos equipos. Me digo que algo no encaja. Sería más viable una conversación entre Merkel y Rajoy. Un pacto de estado. Dos años de prórroga para cumplir el déficit a cambio de una final germana. Imagino a Rajoy de nuevo al teléfono, rebajas fiscales, reducciones de deuda y otros acuerdos pringados con salsa de tomate. Un engranaje más del cimiento podrido que socava el país.
Me convenzo. Los han vendido. Como a todos los españoles.
Y sueño con la revolución, el retorno de ambos equipos y una final bajo la bandera de la república.


jueves, 18 de abril de 2013

Tomate bajo las uñas.

Papeles y sobres pringan como pegajosa sopa de tomate. Los restos del tomate pueden verse bajo las uñas de tesoreros y políticos de alta cuna del PP, incluso de las delicadas manos de príncipes y princesas. Y de empresarios. Yo te financio, tú me concedes. Así funciona el matrimonio corrupto de economía  y estado. Pero esto ya lo sabíamos. Todos lo sabemos. De hecho y no de palabra.  Tampoco nosotros escapamos a los restos del tomate bajo las uñas. Un alquiler sin declarar, facturas de chapuzas y arreglos del coche en ese taller que no nos cobra IVA, o puede que nuestro curriculum antes de ser crudiculum accediera directamente a las manos del director de turno que resulta que fue al colegio con tu padre. Restos con distinto ADN. Los nuestros son arañazos de superviviente, rasguños necesarios para llegar a fin de mes, alguna rasgadura con la que  pagarte un día de lujo. Los suyos responden al ataque del depredador, desgarrones de lo público que abren en canal el bienestar social dejando heridas de difícil sutura, puede que mortales. Bajo sus uñas descansan despojos de empleo,  derechos sociales, pensiones, desahucios, cultura, escuelas y hospitales públicos y la confianza de un pueblo que un día creyó que también ellos, como España, iban bien.

Que la chapa os acompañe...

YeyéMachine Chapas

lunes, 15 de abril de 2013

Así en el euro como en el fútbol. Amén.


Durante el partido Dortmund-Málaga pude oír el rezo de la Merkel entre jadeos y gritos de fuera de juego. Yo lo escuché, no descarto que el árbitro también lo hiciera. El Málaga volvía a casa. Jodido, cabreado. Azotado por la injusticia del mantra merkeliano que rezamos a diario en hospitales, escuelas, bancos o empresas. Dóciles víctimas de la codicia del euro. Excepto en el campo de fútbol. Reducto exento de primacía germana. Única fuente de orgullo patrio malherido en sus cimientos podridos. Momentos para olvidar el cuento imperfecto de democracias que extinguen la clase media.  Minutos sordos de lamentos sin futuro.  Sólo gritos de victorias sin deudas ni recortes.

Ahora también dudosos árbitros parecen doblegar su juicio al mandato merkeliano. Cierto es que hubo un fuera de juego del Málaga que terminó en gol. Impreciso, discreto. Una posición difícil de apreciar en un par de segundos. Fue después, a jugada parada, viendo uno de esos programas que analizan cada partido como si desgranasen la estrategia del enemigo en guerra cuando aprecié el fuera de juego. Puedo entender que también se le escapase al árbitro. Pero en el último gol del Dortmund millones de espectadores pudimos observar dos evidentes e indiscretos fueras de juego. Primero uno, después otro. Extraña y prolongada ceguera. Derrota del málaga, victoria alemana. Un espectáculo. Casi sádico. De circo romano. Nos dejan luchar hasta arrancarnos los derechos a tiras, en el campo o en la vida, y cuando parece que vislumbramos el fin de la tortura, el dedo de la Merkel nos niega la salvación. Y devoran la exigua esperanza de la clase media en los inciertos países dónde cobramos a peseta, dracma o escudo y pagamos la vida y la deuda en euros.  

Victoria germana. Así en el euro como en el fútbol. Amén.