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viernes, 13 de febrero de 2015

Generación CD

Generación  CD
                                                                           A nuestra querida Vivian

Primero nos creímos lo de la libertad, después la transición ejemplar, al PSOE y el cambio, la liberación de la mujer, la sociedad del bienestar y  la conciliación laboral.  Un futuro asegurado, hasta llegar a una jubilación digna dando de comer a las palomas y malcriando nietos.  No lo vimos venir. No imaginamos  que el desplome de nuestro valor sería paralelo al del estúpido cedé. De Generación JASP a Generación CD. Ascenso vertiginoso. Dramático desplome. Hoy chatarra. Talentos con fecha de caducidad, como cualquier vulgar producto de consumo.
La Generación CD frente al Nativo Digital. Torpes diplodocus persiguiendo hackers motorizados. Crudiculum vs Curriculum
Los jefes hacen su trabajo.  Llegar a objetivos. Adaptarse. Digitalizarse. Siguen directrices internacionales. De un ente sin rostro ni nombre, un accionariado amorfo donde se diluyen responsabilidades. Simple regla de tres. El Nativo Digital cuesta la mitad, es ligero, moldeable, vuela de acá para allá, no echa raíces. La Generación CD es un tronco gigante, con  cepas arraigadas al origen de la oficina, de mantenimiento costoso, pobres estúpidos que nos dejamos días enteros de juventud en horas extra, desarrollando lo que hoy se ha convertido en un monstruo global que ha terminado por engullirnos.
Hasta ayer dirigías cuentas relevantes para la compañía, liderabas grandes equipos.  Hoy todo es confuso.  Hoy vives arrinconado en sillas cojas. Con dolor de lumbares. Despojada de equipo, de clientes propios. Hoy eres un parche aquí, sustituyes una baja allí, ayudas en un nuevo proyecto hasta que te excluyen cuando se forma el equipo definitivo.
Digital, globalización, inglés, innovación. Palabras que han ascendido al altar de estrella. Experiencia, oficio, humanidad, sentido común, flexibilidad, dedicación, generosidad, capacidad, entrega. Palabras que llevan veinte años pronunciándose a tu paso. Palabras que hoy se han vuelto mudas, en un despacho donde te largan un finiquito menguado por vía legal, en tiempos de la política más negra, la que ha devorado a la democracia.
Puede que sea más estúpido no reciclar un valor seguro. Seguro que es más estúpido no invertir en el presente de unos padres que es el futuro de todos. De ellos también. De la casta. De políticos y enchufados. De los jefes. Incluso del accionariado amorfo. Del ente sin rostro ni nombre que acumula dinero, más dinero, poder, más poder. Voraz, incontrolable, ebrio de auto destrucción. Los estúpidos cuarentones lo sabemos, lo aprendimos en las clases de Filosofía o Ciencias Sociales,  grandes perdedoras en la ley Wert, protagonistas en aquellos incómodos pupitres de la EGB